“Cuerpo, epoca y transexualismo”

Por Paula Husni

Crear esas palabras únicamente para que el juego continúe

como si cierto mar que no existe

esperara a la vez

ciertos peces que no existen

y ciertas olas que sin embargo existen.

  1. Juarroz – Poesía vertical -

1- Cuerpos – Marcas

En su prólogo de 1951[1], Ray Bradbury presenta a un hombre abrumado por su existencia. Un cuerpo plagado de imágenes, ilustraciones, historias mínimas escondidas en cada pliegue de su piel, en cada rincón de su cuerpo. Imágenes que devienen relatos vivos. Quiere quitárselas de encima; intentó con lijas, ácidos, cuchillos. Imposible. Esas ilustraciones son parte de su cuerpo vivo y viven en él.

¨Todo está aquí en mi piel, no hay más que mirar.¨

Recientemente, el artista marsellés Thomas Mailanender ha implementado para su última serie del libro Ilustrated People (Gente Ilustrada), el uso de la piel como material fotosensible; es decir que revela imágenes fotográficas sobre el cuerpo humano. Efectivamente, apoyando un negativo fotográfico sobre la piel de un modelo dispuesto a las altas temperaturas, aplica luz de rayos ultravioletas y… voilá!, un relato en la piel compuesto por una serie de imágenes de varios negativos. Tan gráfico como efímero, dura lo que una quemadura playera sin protector solar.

¨Todos tenemos una imagen, un recuerdo, una fotografía en la mente que, al cerrar los ojos, vemos casi físicamente. Mi intención fue trasladar esa tesis a una forma literal, táctil. Que, de tantas figuras que acumula una vida, algunas comiencen a manifestarse en el cuerpo.¨[2], explica Thomas.

Paula Husni

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Por su parte, el fotógrafo, artista, y profesor de Artes Visuales y Escénias de la Universidad de Arcadia, en Glenside, Pensilvania, June Yong Lee, ha hecho una serie de inquietantes fotografías denominada Serie de Torsos. Se trata de una serie de fotos de cuerpos desnudos en los que extrañamente se vislumbran sus formas en 3d; con bordes y relieves. Sus modelos – vivos – giran ligeramente mientras él toma hasta 30 fotos que más tarde empalma y une, completando una visión 360 del cuerpo que ¨permite observar la carne en todo su esplendor: con cicatrices, marcas de nacimiento, estrías, tatuajes (de haberlos), flacidez y, en palabras de la crítica, vulnerabilidad.¨[3]

¨Cuando se mira a una persona, se observa más que su forma: también se registra la superficie de su piel, sea el color, sea lo que lleva allí inscripto; detalles que acarrean su identidad de manera interesante.¨, dice June.

Este juego de imágenes contemporáneas da cuenta, por un lado, de que cada vez se hace más evidente que no hay relato sin cuerpo, pero, por otro, dejan marcado en la piel – usemos su paroxismo – que sería posible, imagen mediante – capturar lo simbólico y lo real por lo imaginario.

¨Escribir es aullar sin ruido¨, dice M. Duras de un modo mucho más desgarrador; haciéndose eco de que cuerpo y escritura no pueden sino estar intrincados. Pero se trata aquí de una escritura que delata que donde el dolor del cuerpo y de sus marcas son traducidos a una escritura, algo queda perdido: ¨Escribir también es no hablar. Es callarse. Escribir es aullar sin ruido¨[4]. Y por eso se escribe. ¨Escribir es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo.¨[5]

Un cuerpo desconocido.

El troumatisme de lalangue, como lo nombra Lacan, es el traumatismo de lalengua sobre el cuerpo. El lenguaje impacta en el cuerpo y lo signa como tal en el mismo movimiento. Pero es en tanto un goce se pierde que las marcas de esa pérdida pueden comenzar a dibujar su historia.

Marcas que se hacen cuerpo y son el cuerpo. Marcas que cobran vida y resultan parasitarias aún para el sujeto que habita ese cuerpo. Lo más íntimo se vuelve extranjero. Juntura paradójica que Freud situó en 1919 como lo Unheimlich[6]; lo más familiar que se torna extraño. Extimidad que sanciona el desencaje de la presencia del objeto en el cuerpo como resultado de ese choque fundante. Extimidad, que ¨es para nosotros una fractura constitutiva de la intimidad.¨, sanciona J.-A. Miller[7].

Lacan se refiere de un modo muy preciso, en su conferencia sobre el síntoma en Ginebra, a ese órgano del cuerpo que toma vida propia con Juanito y su wiwimacher, cuando establece que para Juanito el encuentro con su propia erección es de lo más hetero que hay.[8]

Irrupción de goce con la cual el sujeto tendrá que arreglárselas. Eso es lo parasitario del goce.

Se trata del saldo de ese choque de lalengua sobre el cuerpo, la libra de carne con la que el sujeto paga su sujeción al significante:

¨En otras palabras, la incidencia del significante sobre el cuerpo, instaura para el parlêtre la cuestión de su consistencia corporal.(…) Esa consistencia solo se torna “un misterio” a partir del momento en que “el signo recorta la carne”, cuando “el cuerpo se muestra apto para figurar, como superficie de inscripción, el lugar del Otro del significante”.[9]

Ese quiebre, la imposibilidad de definirse como un ser, es lo que posibilitará tener un cuerpo. El hombre tiene un cuerpo, nos enseña Lacan con Joyce. Que lo tiene deja entrever la contracara que se desprende en el mismo seminario señalando que, cada tanto, ese cuerpo que se tiene puede levantar campamento.

Tiene un cuerpo que sin embargo no le pertenece del todo, tiene un cuerpo soportado en esa no identidad consigo mismo.

Es hacia el final de Lituraterre que Lacan habla del Bunraku, teatro japonés donde, por un lado aparecen las marionetas maniobradas por hombres visibles, los cuerpos agitados; y por otro, se encuentran los recitadores; la voz, la vocalización del texto, la exclamación, en otro lugar del escenario.

¿No es esta acaso la máxima expresión de la disyunción estructural entre el cuerpo y el sujeto que habla? ¿Qué operatorias encontrará el sujeto para arreglárselas con esta disyunción,  con este delay en el cuerpo? Encrucijada que abre una pregunta crucial: ¿Cómo se las arregla un sujeto con las marcas de goce que resuenan en el cuerpo, lo habitan y le resultan perturbadoras en su costado éxtimo y parasitario?

Esos rayos que redistribuyen cuerpo y carne, como sitúa Lacan en Televisión, dejan sus restos.

Y eso retorna. Y es con eso con lo que hay que arreglárselas. Y no deja de retornar. No cesa de no escribirse.

 

2 – Perversación generalizada

¿Qué sucede en la época con estos cuerpos de goce?

J.-A. Miller advierte en su texto ¨Una fantasía¨[10] que se trata de la época del empuje al goce en tanto se vislumbra un ascenso al cenit del objeto a, objeto que se impone a un sujeto sin brújula. Lo singular del goce de cada quien se vuelve público, se deja ver, se visualiza, se viraliza – utilizando términos de la época que ilustran esta proliferación, cual virus, de escenas tan propias como cotidianas. La intimidad se confunde permanentemente en una exterioridad sin velos propicia a normativizarse y legislarse.

Es la declinación del Nombre del Padre como ordenador lo que propicia tal torsión. Y se torna necesario pensar las consecuencias subjetivas respecto al modo de goce.

“Poner un freno al goce es también poder abrir al sujeto una vía que no sea la de un empuje a gozar mortal, autorizar una relación fiable al goce, diferente que un empuje al hedonismo contemporáneo. En el presente hay, ciertamente, una paternidad pacificada, pero el problema de la autoridad se trasladó al exterior. El único problema es que es imposible definir una relación entre los sexos, homo o hétero, que fuera la buena. Con el goce, eso jamás es posible. Ninguna norma llega a estabilizar el empuje a gozar (…) ¨ [11]

Phillip Sollers[12] dice que ¨Hay dos funciones que no pueden ser el objeto de una democratización, Dios y el sexo¨.

Es allí mismo donde conversa sobre su libro La guerra del gusto en el que habla de una época de perversión generalizada. Y presta un neologismo propio para precisar un poco más ese concepto que rectifica y renombra: perversación generalizada; condensación entre perversión y malversación. ¨Para hablar en términos clásicos – aclara- , es decir marxistas, el valor de intercambio sigue su camino fuera de toda referencia al valor de empleo.¨

Es decir que el predominio del intercambio de lo más propio de cada quien (goce), en tanto concierne a la perversión singular, pierde la referencia al empleo. Y el empleo de la père-versión, en términos de lo que Lacan establece en RSI, el ¨buen uso¨ de la père-versión, no es otro que el síntoma.

La paternidad pacificada produce sin duda efectos, alentando, entre otras cosas, a una elección voluntaria de sexo. Es lo que S. Zizek ha denominado una participación ficticia.[13]

Esta idea de Zizek se entiende claramente en cuanto hacemos entrar al inconsciente y a un parletre cuya elección sexuada está signada por sus marcas de goce y su respuesta frente al traumatismo de lalangue.

En términos de lo que plantea G. Musachi: ¨Se insta a desidentificarse para hacer aparecer una identidad (lesbiana, por ejemplo) como sujeto político.¨[14]

Es factible entonces reformular la pregunta: ¿La ilusión de una elección voluntaria de sexo, no consistiría en sostener una desidentificación permanente con el trasfondo de una identidad posible?

Movimiento que sesga la época produciendo un giro de la identificación a la identidad. ¨Es en el hiato de la identidad consigo mismo donde se concibe que el sujeto se identifique.¨[15]

El auge actual del término transgénero[16], aboliendo la dicotomía hombre-mujer de las teorías de género, ¿no podría pensarse en estos términos; una identidad que permita desidentificarse constantemente?

Es en este mismo movimiento que los discursos de la época no dejan de toparse con aquello que el psicoanálisis advierte ya desde Freud; la existencia de un malestar insubsumible, propio del sujeto de la cultura.[17] Esto atañe, sin duda, a la relación entre los sexos.

J.-A. Miller, en su intervención en el senado francés, en el 2013, cuando se debatía el Matrimonio para todos, señalaba que ¨ Sin excepción, los seres hablantes tienen que inventar su relación sexual (…). Es para los seres hablantes como si allí hubiera un agujero en el programa.¨[18]

Es decir que frente a un agujero en el programa que es para todos, la modernidad ¨está atravesada por la búsqueda del goce que sería el adecuado, el último¨[19], dificultando el uso de las marcas del padre en tanto facilitador de una impronta y de un uso singular respecto al modo de goce. Síntoma que siempre será uno por uno.

¿Cómo pensar entonces el síntoma como función necesaria en el malestar de la cultura y la singularidad del discurso, vez por vez, en la época de la inconsistencia del Otro?

 

3 – Transexualismo como síntoma de una época

En su libro Ensexo: Ensayo sobre Transexualismo, C. Millot define al transexual como ¨una persona que solicita la modificación de su cuerpo a fin de conformarlo a las apariencias del sexo opuesto, invocando la convicción de que su verdadera identidad sexual es contraria a su sexo biológico.¨ [20]

Es sobre esta concepción, casi clásica del transexualismo, que F. Ansermet se pregunta si el transexual hace realmente una elección ya que se trataría mas bien de un hecho: Cabría decir, paradójicamente, que el transexual es quien más cree en la diferencia entre los sexos: cree en ella tan fuertemente que está dispuesto a cambiar de sexo.¨[21]

Millot, en ese mismo texto agrega que la demanda del transexual: ¨es una convicción nueva, ya que supone una oferta que la suscita, la que hace la ciencia, pues sin cirujano ni endocrinólogo no hay transexual.¨[22]

Es decir que refuerza la idea de una convicción y hace de ésta una posibilidad de operatoria sobre lo real del cuerpo que sólo es posible de la mano de la ciencia, en tanto se sostenga en una ley que haga de las teorías de género un fundamento que defina la identidad.

Si volvemos al concepto de extimidad, Miller señala que se trata de lo que el sujeto cede o sacrifica y ¨esto es tan radical que imagina que puede huir.¨ [23] Es en este intento de huida donde se toma de la mano de la ciencia. Miller da un paso más en este sentido: ¨En el fondo – agrega – esa es la ambición científica: carecer de extimidad.¨[24]

Si las teorías de género sostienen que la identificación sexuada es producto de una construcción social, el atolladero con el que nos encontramos es que esto deja por fuera la noción de inconsciente que da sustento al psicoanálisis mismo.

Genevieve Morel, psicoanalista francesa, no duda en establecer al género como ¨un sistema de identificaciones imaginarias y significantes que debe diferenciarse de la sexuación.¨[25]

¿Cómo pensar entonces, desde el psicoanálisis, al transexualismo en una época que parece estar signada por hacer de la referencia al orden simbólico una banalización extemporánea?

El empuje a La mujer que hacía del delirio una certeza hoy encuentra de la mano de la igualdad de derechos y del discurso de género una reducción a una cuestión de formas.

Si es desde el orden simbólico que puede decirse que algo falla, en lo real no falta ni sobra nada. Es en esa ruptura que el transexualismo se instala en la época, tal como lo plantea C. Millot, como un síntoma de la civilización[26]. Solución fallida – como todo síntoma – que expone un cuerpo maleable – gentileza de la ciencia – dispuesto a transformarse infinitamente en pos de terminar de una vez y para siempre con lo disruptivo del goce.

En muchos casos de transexualismo esa irrupción de goce en el cuerpo se torna imposible de soportar. La pregunta que insiste, retomando el desarrollo anterior, es si hay efectivamente solución para lo insoportable del goce.

¨Hay entonces un malentendido fundamental cuando se cree poder intervenir sobre la identidad sexual mediante una intervención sobre el órgano – asevera F. Ansermet -. Esto no basta para que el cuerpo se ponga a hablar otra lengua.¨[27]

Si es el lenguaje lo que resulta mortificante para el sujeto, el goce propicia – con lo disruptivo de su presentación – una función vital. Goce que da cuenta de que se está vivo, remarca Lacan en Ancore.

Y es un poco antes, en Ou pire, que Lacan establece justamente que el yerro del transexual es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual, y su pasión es la locura de querer liberarse del error, del error común.[28]

¨No hay un goce último que pueda aliviarnos definitivamente de nuestra angustia – explica E. Laurent – : tal es el imposible al que se confronta el discurso del goce.¨[29]

La pregunta que nos interpela es cómo establecer una práctica frente a una subjetividad que cree posible erradicar la falla de la existencia borrando con ello lo hetero del goce en una época en que el empuje al todo produce cierta declinación respecto a la singularidad del goce de cada quien.

Se tratará, tal vez, de estar advertidos del error común; que la falla en lo simbólico no se soluciona por la vía de lo real, para poder sostener en todo caso, una práctica que se oriente por la ética del síntoma, que sin ir a contrapelo de la época pueda acompañar sus movimientos sin perder los ejes fundamentales de una práctica que no es sin la presencia de lo real del cuerpo y tiene efectos sobre el mismo.

En su testimonio apres coup[30], Graciela Brodsky relata un sueño en el que al mirarse en el espejo descubre con horror que le faltan los brazos. ¨Me desespero pensando cómo voy a hacer para abrazar al hombre que amo.¨ En el mismo sueño se percata que la Venus de Milo tampoco tiene brazos y que sin embargo… Despierto entusiasmada – agrega - pero sin saber cómo ella se las arregla. Y concluye: ¨Para arreglármelas con el rechazo a lo femenino, (…) la mejor solución es, sencillamente, dejarme abrazar

Solución única y singular que no es sin los brazos que faltan.

 

[1] Bradbury, Ray, El Hombre Ilusrado,

[2] Radar, suplemento del diario Página 12, del 19 de Julio de 2015.

[3] Radar, suplemento del diario Página 12, del 29 de Noviembre de 2015

[4] Duras, M., Escribir, Tusquets Editores, P 30

[5] Duras, Marguerite, Escribir, Tusquets Editores,  P 55

[6] Freud, S., Lo Siniestro, Amorrortu Editores, P

[7] Miller, J.- A., Extimidad,

[8]  Lacan, J. – Conferencia en Ginebra sobre el Síntoma – Intervenciones y Textos 2 – P 128 –

[9] Ram Mandil, Parletre y consistencia corporal. Texto publicado en la web para el Congreso de la AMP 2016.

[10] Miller, J. – A., Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nº 3 –

[11] Laurent, E., ¨Las nuevas inscripciones del sufrimiento del niño¨

[12] Entrevista a Philippe Sollers, ¿Dónde está el sexo?, Registros, tomo Dorado, Sexos.

[13] ¨La forma consensual de la política en nuestro tiempo es el sistema bipolar que ofrece el aspecto de una posibilidad

de elección cuando no hay esencialmente ninguna… Es un hecho muy conocido que el botón para cerrar las puertas es

un mero placebo inoperante en la mayoría de los ascensores, cuando en realidad, si pulsamos ese botón, la puerta se

cierra al mismo tiempo que si pulsamos sólo el botón del piso.¨ Zizek, Z, Extracto del texto Porqué a todos nos encanta

odiar a Haider¨

[14] Musachi, Graciela, GLTTBI, P 54

[15] Miller, J.- A., Extimidad,

[16] Poner definición

[17] “Buena parte de la brega de la humanidad gira en torno de una tarea: hallar un equilibrio (…), dispensador de felicidad, entre esas demandas individuales y las exigencias culturales de la masa; y uno de los problemas que atañen a su destino es saber si mediante determinada configuración cultural ese equilibrio puede alcanzarse o si el conflicto es insalvable”. Freud, S., El Malestar en la cultura, Amorrortu Editores, P

[18] Transformaciones. Ley, diversidad, sexuación – P. 133 – Edit. Gramma –

[19] Laurent, Eric. Un nuevo amor por el padre – Transformaciones –

[20] Millot, C., Ensexo – Ensayo sobre Transexualismo –

[21] F. Ansermet – Identidad Sexual – Scilicet – P 153 / Ver pág 154

[22] Millot, C., Ibidem

[23] Miller, J.-A., Extimidad – p 22

[24] Miller, ibid, P 21

[25] Morel Genevieve – Ambiguedades Sexuales – Pág 185

[26] Millot Catherine – Ensexo – Ensayo sobre Transexualismo

[27] Ansermet, F.,  Identidad Sexual – Scilicet – P 153 / Ver pág 154

[28] ¨Para acceder al otro sexo hace falta pagar el precio de la pequeña diferencia, que pasa engañosamente a lo real a través del órgano, debido a lo cual deja de ser tomado como tal y, al mismo tiempo, revela lo que significa ser órgano; que sólo es instrumento por mediación de lo que todo instrumento se funda, que es un significante. El transexual no lo quiere en calidad de significante. En eso padece un error, que es el error común. Su pasión es la locura de querer liberarse de ese error. (…)Su único  yerro es querer  forzar mediante  la cirugía el discurso sexual que, en cuanto imposible, es pasaje a lo real.¨ Lacan, Jacques – Seminario 19, Ou Pire – Clase del 8/12.

[29] Laurent, E., Un nuevo amor por el padre, en Transformaciones, P

[30] Testimonio publicado en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis Nº 18.

Autor: Paula Husni