“Dominio de la forma mercancía y cosificación de la conciencia”

 

En Historia y conciencia de clase, Georg Lukács advierte que no es casual que las obras más importantes de Marx, dedicadas a exponer la lógica totalizadora del sistema capitalista, comiencen con el análisis de la mercancía. En efecto, como es sabido, El capital comienza con las siguientes palabras: “la riqueza de las sociedades que impera en el sistema capitalista se nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como su forma elemental. Por eso nuestra investigación arranca del análisis de la mercancía” [1] .

    Marx parte de la mercancía, desde la perspectiva en que esta es considerada por la economía política, es decir, como un “hecho”, como algo dado, poseedor de un valor intrínseco, para luego desplegar su exposición hacia la totalidad del sistema capitalista y descubrir que lo que se presenta como lo más concreto es, en verdad, lo más abstracto.

Precisamente en esto radica el célebre fetichismo de la mercancía: en el hecho de que una relación entre personas se presenta como una “cosa” con leyes propias al tiempo que oculta su carácter netamente social. Hay un carácter metafísico y teológico en la mercancía[2] ya que presenta como un valor en sí, lo que es una relación intersubjetiva[3].  En este aspecto, Lukács aclara que se trata de un fenómeno específico de las sociedades modernas, ya que, si bien siempre hubo acumulación y explotación, sólo en el capitalismo moderno, la forma mercancía adquiere un rol dominante que atraviesa la totalidad de la existencia humana.

Sin lugar a dudas, uno de los grandes aportes del primer Lukács a la teoría crítica, es pensar los fenómenos sociales como partes de un todo. Para el pensador húngaro, la sociedad es una totalidad en devenir. Cada elemento -se trate de la economía, de la religión, del aparato jurídico- no debe ser pensado de manera aislada sino como dimensiones que se vinculan dialécticamente entre sí. En el artículo  “Vieja y nueva Kultur”, Lukács sostiene que una exposición pormenorizada de la cultura de una sociedad determinada nos expone frente a la totalidad de esa sociedad, tanto como si se analizara su economía[4].

En el caso del capitalismo, la mercancía se presenta, pues, como forma que penetra todas las dimensiones de una sociedad, transformándolas a su imagen y semejanza[5]. Esto significa que el dominio de la forma mercancía no es sólo un fenómeno económico, sino que se trata de un fenómeno totalizador. El valor de cambio se constituye como parte esencial de la producción y deja en un segundo plano el valor de uso. Esto implica una homogeneización y universalización de todas las facetas que hacen a la existencia humana.

Como ya lo expusiera Marx, el valor de cambio implica una homogeneización de los objetos que hace desaparecer las características particulares de los mismos. Lukács, siguiendo a Marx y también a Simmel, va hablar de una igualación que se traduce en el dominio de la cuantificación. Es dentro de este despliegue del dominio de la cuantificación donde emergen la racionalización y el cálculo como fenómenos dominantes de la vida social moderna.

Si la mercancía se caracteriza por el predominio del valor de cambio por sobre el valor de uso, el proceso de abstracción de las características particulares del objeto llega, en las sociedades fundadas bajo el dominio de la forma mercancía, a una abstracción general y con vistas a volverse universal. Lukács señala que dicho proceso de uniformación abarca tanto una dimensión objetiva como subjetiva. Un ejemplo de ello es el trabajo. “La uniformidad de la forma mercancía condiciona, pues, tanto objetiva cuanto subjetivamente una abstracción del trabajo humano, el cual se hace cosa en las mercancías” [6].

El trabajo, bajo la lógica del dominio de la mercancía, revela el proceso de cosificación característico de las sociedades capitalistas. En la dimensión objetiva, la cosificación surge como un mundo de cosas y relaciones cosicas cristalizadas y con sus propias leyes[7]. En la dimensión objetiva, el hombre concibe su propia actividad como algo ajeno a sí mismo, como una “cosa” que se comercializa en el mercado.

El proceso de cosificación descrito por Lukács se encuentra fundado en una forma determinada de comprender la coseidad. La coseidad que tiene como correlato la forma mercancía es la coseidad abstracta. La cosa se desliga de todas sus características particulares para igualarse a todas las cosas por medio de su valor de cambio. En términos de Benjamin, podría decirse que las cosas pierden su aura y se convierten en una mera abstracción. Ya en “Vieja y nueva Kultur”, Lukács señala la imposibilidad de una producción cultural autentica en una sociedad en que toda producción se orienta a la constitución de mercancías[8]. Los objetos ya no tienen valor en sí mismos, sino únicamente como valor de cambio.

Como se ha dicho, este fenómeno tiene su equivalente en el plano subjetivo. La hegemonía de la relación mercantil “(…) imprime su estructura a toda la conciencia del hombre: sus cualidades y capacidades dejan ya de enlazarse en la unidad orgánica de la persona y aparecen como cosas que el hombre posee y enajena exactamente igual que los objetos del mundo externo” [9]. En este punto, quizá, Lukács profundiza aun más en lo que Marx anunciara en El capital acerca de que los hombres que van al mercado a intercambiar sus mercancías, al reconocerse esencialmente como poseedores de mercancías, son poseídos por la mercancías. [10]. En el planteo de Lukács no se trata solamente de posesiones externas, sino de comprender las propias capacidades como posesiones, es decir, como “mercancías”.

La cosificación de la conciencia implica la desintegración de la unidad de la persona. Cada característica particular aparece comprendida como una posesión, lo que equivale a decir que se presenta como un “otro”. La conciencia comprende sus propias capacidades desde una actitud pasiva, como si se tratasen de fuerzas “objetivas” independientes de sí misma. En todo caso, la conciencia se concibe como propietaria de dichas fuerzas. Lukács menciona el ejemplo de los periodistas. “Esta estructura se revela del modo más grotesco en el periodismo, en el cual la subjetividad misma, el saber, el temperamento, la capacidad expresiva se convierten en un mecanismo que funciona según sus propias leyes” [11].

El dominio de la forma mercancía se extiende, entonces, metastásicamente hacia los estamentos más profundos de la conciencia, reificándola. La “profesión”, al igual que el “trabajo manual”, se presenta como algo ajeno a la propia conciencia, como algo intercambiable en el mercado.La forma mercancía es una fuerza deshumanizadora que no sólo se limita a cosificar las relaciones del hombre con su trabajo o las relaciones con el otro, sino que cosifica al hombre mismo. La persona se desintegra en una multiplicidad de capacidades y cualidades en las que no se reconoce a sí mismo, sino que las comprende como meras posesiones.  Empleando la terminología del Sartre de la Crítica de la razón dialéctica, podría decirse que la forma mercancía se presenta como una fuerza demoniaca que se abalanza contra los hombres para arrebatarles su humanidad.

El dominio de la forma mercancía es, pues, la negación de lo humanidad en tanto tal, el imperio de la coseidad abstracta sobre lo concreto, la cosificación de la conciencia y de la subjetividad. En pocas palabras: el dominio de la forma mercancía es, aunque en un sentido no foucaultiano, la muerte del hombre.

 Maximiliano Basilio Cladakis

[1] Marx, Karl, El capital. Crítica de la economía política. Vol. I, Fondo de Cultura Económica, México, p. 1973, p. 3.

[2] Cfr., Marx, Karl, El capital. Crítica de la economía política. Vol. I, p. 37.

[3] Cabe recordar que, para Marx, lo “metafísico” y lo “teológico” son formas ideológicas que encubren las relaciones sociales concretas.

[4] Lukács, Georg, “Vieja y nueva Kultur”, en Revolución socialista y antiparlamentarismo, Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y Presente, 1973, p. 74.

[5]  Lukács, Georg, Historia y conciencia de clase (Vol. II),Buenos Aires, Grijalbo, 1985, p. 7.

[6] Ibíd.,p. 9.

[7] Ibíd.

[8] Lukács, Georg, “Vieja y nueva Kultur”, 78

[9] Lukács, Georg, Historia y conciencia de clase (Vol. II),p. 24.

[10] Cfr., Marx, Karl, El capital. Crítica de la economía política. Vol. I, p. 48.

[11] Lukács, Georg, Historia y conciencia de clase (Vol. II),p. 24.

Autor: Maximiliano Basilio Cladakis