Editorial #3

Bajo el título “Tratamientos Exprés. Su orientación, su objetivo, sus resultados”, fuimos convocados a trabajar para las segundas jornadas del Centro de Estudios Psicoanalíticos de la Universidad Nacional de General San Martín. Un título que nos obliga a tomarnos un tiempo y dejarnos trabajar para poder situar sus posibles coordenadas de lectura.

Contar con la presencia del psicoanalista Bernard Lecoeur como invitado especial fue un privilegio que enriqueció el trabajo de la extensa y poco exprés jornada que tuvimos.

Marcelo Curros, Psicoanalista. Miembro del CEP

Marcelo Curros, Psicoanalista. Miembro del CEP

Haber puesto el acento en los tratamientos exprés llevó a hablar a los analistas de lo que hacen, de cómo maniobran en esta época a partir de la oferta que se hace en los diversos centros de atención psicoanalítica que el CEP tiene: “El encuentro con un analista”, caracterizado por la limitación en el tiempo y la gratuidad para el paciente.

Por otro lado, el significante “exprés” es un significante muy actual que apunta a poder combinar un acotamiento en la duración del tiempo y una mejor calidad de lo que se oferta bajo el mismo. Personalmente, creo que la clínica, aquella que se desprende de este tipo de tratamientos, es de una complejidad mayor y requiere de una lectura atenta y un trabajo continuado para sostenerla.

Fueron unas jornadas en las que hemos podido ver cómo los analistas se las arreglan con la dimensión temporal de su época. Dimensión que fue tocada de manera relevante y que podemos escuchar plasmarse en la frase: “no tengo tiempo” (debe ser difícil poder saber cuántas veces uno la dice a diario). Esta frase es un paradigma de los efectos que ha tenido en las subjetividades de la época la dimensión temporal. Todo el mundo reclama esa porción de tiempo que se le sustrajo y reprocha la velocidad en la que tiene que conducir su vida. Reprochan esas exigencias que se van sumando día a día, como si de una lista del supermercado se tratase.

Es un tema incómodo para los analistas porque nosotros necesitamos tiempo. Le decimos al paciente que este es un largo camino y que necesita mucho tiempo -demasiado quizás para la época-. Por ese motivo estamos exigidos a poder responder como analistas a un malestar que requiere otras coordenadas de abordaje, ya que su mayor o menor duración no conlleva un valor reciproco. No debemos olvidar que una buena intervención puede ser más efectiva que años de terapia. Tampoco es bueno olvidar que el analista siempre es sospechoso de no haber ejercido el análisis. Siempre está en el banquillo respecto de haberse sabido mantener dentro del discurso analítico, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario.

Los dejo con el tercer número de la Revista Desvíos del CEP, dedicado a la temática recién presentada.

Marcelo Curros