“El arte de construir Ficciones de lo Real”

 

“El arte no reproduce lo visible, vuelve visible”

Paul Klee

 “Me dije entonces, con un asombro que después nunca he podido despejar: ‘Veo los ojos que han visto al Emperador’”

Roland Barthes, La Cámara Lúcida

 

 

Not a bug splat

Un  colectivo de artistas realiza un proyecto denominado “not a bug splat”. En la jerga militar norteamericana, “a bug splat” se utiliza para denominar el modo en que se ve en imágenes la muerte de las personas durante los bombardeos desde la cámara de los drones que atacan un territorio. Estos artistas realizaron gigantografías que pueden ser vistas incluso desde satélites en zonas de Pakistán frecuentemente bombardeadas. En ellas, se muestra el retrato fotográfico de frente, mirando a la cámara, de un niño not a bug splatpakistaní. Zizek, en un artículo del año 2008, planteaba el problema del condicionamiento de nuestras respuestas emocionales éticas en virtud de una suerte de ilusión de percepción: “…por eso, el hecho de dispararle a alguien a quemarropa resulta más repulsivo para la mayoría de nosotros que presionar un botón que acabará matando a miles de personas ausentes”. Hay en juego allí, dice, la proximidad de la Cosa que, más allá de la distancia física, está siempre, por definición ‘demasiado cerca’.” Este colectivo de artistas acerca lo que se pretende mantener a distancia: la muerte de un niño; la responsabilidad sobre la muerte de ese niño. De esta manera, ese “Not a bug splat” se traduce  en la obra como “a child murder”. La imagen, sin embargo, no muestra a un niño muerto, tampoco lo muestra bajo la apariencia de un insecto aplastado como lo hacen las cámaras de los drones… lo muestra, en cambio devolviéndoles la mirada.

Mirar y ser mirado. Es un rasgo de nuestra época con el que todos hemos de lidiar. En la voluntad de ver todo, en el ideal de que todo pueda ser visto, se produce un empuje hacia un mundo de “hipervisibilidad” que Gérard Wajcman denomina “el ojo absoluto”. En la historia del siglo XX hasta hoy, este autor sitúa la existencia de tres imposibles: lo imposible de decir, lo imposible de ver y lo imposible de no ver. El primero, referido a las guerras del siglo XX y que fue lo que movilizó al arte de ese siglo. Lo imposible de ver, referido puntualmente a la Shoa, y que dio lugar a obras como la del cineasta Claude Lanzmann, donde se evidencia la ausencia absoluta de imágenes documentales del Holocausto. Finalmente, lo imposible de no ver condensado en la proliferación de imágenes del atentado de las torres gemelas en el siglo XXI y que hoy en día, por caso, ciertas redes sociales como Facebook o Instagram son suficientes para advertir el alcance de esa hipervisibilidad.

Si se articulan estos imposibles más allá de la sucesión cronológica que establece el autor, se puede entonces pensar que ciertas obras de arte entrelazan esas tres imposibilidades dando lugar a un efecto de construcción ficcional de lo Real. Un reordenamiento y una redistribución de las imágenes en dispositivos de visibilidad que dicen, que muestran pero que también ocultan, sugieren, dejan en las sombras y aluden a eso que no muestran. Dicen de lo no dicho, ponen en evidencia lo que no se ve y en ese acto, en apariencia más discreto, dan cuenta de lo Real.

El arte, en algunas ocasiones, puede evocar un decir que apunta a lo imposible de decir, a lo Real en tanto indecible, irrepresentable. Como el psicoanálisis, el arte puede dar cuenta de aquello que está fuera del lenguaje y apuntar a aquél exterior absoluto a la representación que es lo Real. “Not a bug splat”.

 

Ruanda: un grito que no calla

En 1956, Alain Resnais le pide a Paul Celan que traduzca al alemán el guión del film Nuit et Brouillard, escrito por Jean Cayrol. El último párrafo, leído por Celan en el film, nos advierte: “Al contemplar estas ruinas, nosotros creemos sinceramente que en ellas yace enterrada para siempre la locura racial, nosotros que vemos desvanecerse esta imagen y hacemos como si alentáramos nuevas esperanzas, como si de verdad creyéramos que todo eso perteneciese sólo a una época y a un país, nosotros que pasamos por alto las cosas que nos rodean y que no oímos que el grito no calla“.

Cuando escuchamos esa voz diciendo que “el grito no calla”, advertimos una respuesta al desafío adorniano. Es posible hacer poesía después de Auschwitz. Y la advertencia de esa voz poética indica que si fue posible el horror de Auschwitz, si el ser humano fue capaz de eso, entonces no sólo podría volver a suceder, como bien señala Primo Levi, sino que efectivamente se repite, una y otra y otra vez en la historia de la humanidad.

Durante el 2014 se conmemoró mundialmente el vigésimo aniversario del genocidio en Ruanda. En abril de 1994 se desencadenó una masacre contra los tutsis en manos de los hutus obligando a un desplazamiento masivo de personas hacia campos de refugiados situados en la frontera con los países vecinos. Cerca de un millón de personas fueron asesinadas en el lapso de cinco meses. Las imágenes que los medios reprodujeron fueron abrumadoras pero, pese a todo, cayeron en el olvido. Tal es así que, en una suerte de paradoja de las imágenes, la crudeza retratada de los cadáveres amontonados y las multitudes de personas desplazadas se volvieron rápidamente invisibles. Quizás el arte podría hacer un tratamiento diferente de eso.

 

Alfredo Jaar: mirar el horror

¿Cómo transmitir lo que no puede verse ni decirse? Esta pregunta impone al arte una ética, la de intentar decir y mostrar lo imposible. Aquí es cuando el arte, guiado por esta ética, debe construir una ficción que toque lo Real en tanto logre velarlo y, en ese mismo movimiento, revelarlo.

La instalación del artista chileno Alfredo Jaar presenta una única fotografía de los ojos deAlfredo-Jaar-The-Eyes-of-Gutete-Emerita-Los-ojos-de-Gutete-Emerita-1996 (1) una mujer tutsi, Gutete Emerita, que ha presenciado la masacre de su familia en manos de un grupo de hutus.

Esa fotografía es multiplicada por la cantidad de personas que murieron en esa masacre en Ruanda. Mientras el espectador se dirige a la sala donde se encuentra una mesa con una pila de cerca de un millón de diapositivas de los ojos de Gutete, la historia de lo que esta mujer ha visto está escrita en las paredes que conducen a la sala. De este modo, cuando el espectador llega a la mesa, habrá leído un relato acerca de lo que esos ojos vieron. La mesa donde se encuentran las fotos está iluminada y, mediante lupas, es posible ver al detalle las diapositivas de los ojos de Gutete.

Sin embargo, está claro que ni el relato ni los ojos nos dicen lo que esa mujer ha visto. Porque de lo que se trata, precisamente, es de lo Real del horror, que es indecible e irrepresentable. Eso vuelve a la instalación difícil de tolerar. Precisamente porque sin mostrar el horror, lo revela a través del velo de la mirada de Gutete. Porque no se trata de los ojos, de lo que en esos ojos se pueda ver, sino de la mirada. Lo que retorna sobre el espectador es la mirada en tanto objeto inasible.

En la fotografía de Jaar, la mirada de Gutete Emerita, vuelve sobre nosotros, nos mira. Lo que no está en el cuadro, finalmente, es revelado por la inquietante mirada. Es que, como la mirada del angel de Paul Klee al decir de Walter Benjamin, esa mujer se habría encontrado con “algo frente a lo cual su mirada quedó pegada”.  Así, el exterior del cuadro pertenece también al cuadro, como un marco exterior. Lo valioso de este tipo de obra es que nos revela algo situado fuera de ella, fuera incluso de su deducible significación y fuera de su propio tiempo y espacio. Es lo que Gerard Wajcman denomina “fuera-de-campo” y que aquí remite a Lo Real. Es precisamente el silencio de imágenes, aquello que no podemos ver, lo que evoca, con más fuerza, lo Real de la Muerte.

 

Nuevas configuraciones de lo visible: una política de las imágenes orientadas por lo Real

Alfredo Jaar realiza por primera vez en la Argentina una exposición individual en el Parque de la Memoria de Buenos Aires. Allí exhibe, hasta marzo de 2015, una serie de trabajos ligados al drama vivido en Chile durante la dictadura. Entre sus obras, tomaremos aquí dos de ellas: Opus 1981/Andante Desesperato y  Un logo para América.

jaar americaUn logo para América (1987) es una intervención urbana. Jaar se sirvió de un cartel luminoso publicitario en Times Square en Nueva York. En cuarenta segundos, Jaar transmite un mensaje en ese cartel: los norteamericanos se han apropiado de la palabra América para referirse a su país y esta apropiación condensa la dominación política, cultural y económica de todo el continente americano.

Jaar utiliza el espacio de mayor visibilidad para mostrar justamente lo que políticamente no se debe mostrar ni ver en ese lugar. Utiliza un ícono de la visibilidad, como es un logo, para dar cuenta de lo que se pretende dejar en las sombras y de lo que efectivamente no se ve, que son los efectos devastadores de esa dominación. Efecto político de la redistribución de las imágenes en un viejo dispositivo de visibilidad.

En Opus1981/Andante Desesperato (1981) Jaar se apropia de una fotografía tomada por alfredo-jaar-opus-detalle2Susan Meiselas en Nicaragua que muestra a dos revolucionarios sandinistas mientras un joven toca el clarinete delante de ellos. En la misma sala donde exhibe esa fotografía Jaar proyecta un video donde él mismo toca el clarinete hasta extenuarse. Esa imagen cobra entonces un nuevo sentido en la exhibición. El sonido del clarinete habla de lo que no se ve ni se escucha. Apropiacion de la imagen, apropiación del sonido y un nuevo efecto: mostrar lo que no se ve y lo que no se oye. Las imágenes insoportables y los sonidos ensordecedores de la dictadura chilena.

Cuando el arte se sirve de nuevas combinaciones de imágenes, de su prescindencia y de su multivocidad de sentidos; cuando hace de la ausencia una presencia y evidencia el juego entre lo visible y lo imposible de ver, entre lo dicho y lo no dicho; entonces el arte construye una ficción y puede permitir que lo Real, eventualmente, haga su aparición.

 María Victoria Sanchez

Bibliografía

BARTHES, Roland, La cámara lúcida: Notas sobre la fotografía, Paidós, Barcelona, 1989.

BENJAMIN, Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Taurus, Madrid, 1973.

BENJAMIN, Walter, Angelus Novus, Barcelona, Edhasa, 1971.

LACAN, Jacques, Seminario XI, Paidos, Buenos Aires, 1987.

LACAN, Jacques, Seminario X, Paidos, Buenos Aires, 2007.

RANCIÈRE, Jacques, El espectador emancipado, Manantial, Buenos Aires, 2010.

VAUDAY, Patrick, La invención de lo visible, Letranómada, Buenos Aires, 2008.

WAJCMAN, Gérard, El ojo absoluto, Manantial, Buenos Aires, 2011.

ŽIŽEK, Slavoj, ¿Felices de torturar?, en Suplemento Cultura, Diario Perfil, p 8-10, 9 de marzo de 2008.

Autor: María Victoria Sanchez