“El viaje en la singularidad de un tratamiento”

María Victoria Fabre

Años después de la intervención que relataré vi la película “La escafandra y la mariposa”. Narra la historia real del periodista y editor francés Jean Dominique Bauby,  quien en 1995 tuvo un accidente cerebrovascular que lo llevó a un coma profundo. Su cuerpo quedó completamente paralizado, conservando intactas sus facultades mentales: podía escuchar, recordar, pero no hablar.  Afectado por el “síndrome de cautiverio”, su exclusivo medio de comunicación se apuntaló en el parpadeo del ojo izquierdo. Con ese único movimiento logró construir un lenguaje junto a una esforzada logopeda, indicando letra por letra lo que quería decir.

Usando ese método llegó a expresar sus memorias, vivencias y reflexiones de su experiencia de supervivencia y superación en un libro muy exitoso que llevó el nombre que luego tomó la película. Al poco tiempo de su publicación murió. Desde allí resignifiqué impresiones, preguntas que me permiten pensar aquello que en su momento respondí paso a paso para llevar adelante una intervención que duró cerca de un año y medio año con un paciente y terminó frente a un límite real: su fallecimiento.

2. Una historia verdaderaAl llegar al Centro de Rehabilitación, el médico que dirigía la institución me anticipó que el paciente se encontraba en silla de ruedas, ya no podía caminar. Tenía además severas dificultades en el manejo de sus miembros superiores y un cuadro afásico. Una serie de profesionales trabajaban con él: un fonoaudiólogo, un terapista ocupacional, un kinesiólogo y un psiquiatra. La familia veía con gran expectativa que accediera a recibir atención psicológica debido a que era algo que le habían sugerido en muchos momentos de su vida pero recién ahora decidía aceptar.

J era un hombre  de 55 años, había tenido tres accidentes cerebrovasculares en el curso de los últimos 5 años, una afección con antecedentes hereditarios ya que su padre había muerto por esa razón siendo muy joven. Se me hizo saber que el pronóstico era delicado, puesto que estos casos tan insidiosos tendían a repetirse.

Su obra social posibilitaba una sesión semanal durante un lapso de seis meses, con la opción de extender el tratamiento si la situación lo ameritaba, necesidad que había que justificar con informes como habitualmente se hace. Las preguntas centrales eran: ¿Cuánto se extenderían las posibilidades del paciente?, ¿Cómo rescatar la dimensión de la escucha psicoanalítica?, ¿En qué punto podría considerarse de valor psicoanalítico mi intervención?

Solemos utilizar la frase “escucha psicoanalítica”, pero si aquí había algo que no me resultaba fácil era escuchar. Podían decir muchas cosas sus hermanos, los médicos tratantes, la historia clínica, pero se trataba de que J pudiera acceder a expresar su historia y sus preguntas. No traía sueños, tampoco había actos fallidos puesto que en un principio la dificultad frente a la comunicación oral era enorme. Cuando nos encontramos cara a cara por primera vez fue imprescindible el uso de la tabla alfabética en la que marcaba una a una las letras de la palabra a construir. Una comunicación lenta y sin duda carente de los rastros expresivos habituales debido a que su movilidad facial estaba limitada. Aunque parcialmente podía vocalizar era muy difícil comprenderlo. La tabla era un auxilio, pero había que realizar una buena ecuación entre la posibilidad de que la sesión trajera algún sentido a trabajar sin que resignara la posibilidad de expresarse oralmente. Modular implicaba un gran esfuerzo para él, así que combinábamos los métodos, incluyendo también alguna actividad con dibujos.

No sé en qué momento comenzó a modular mejor o yo comencé a saber escucharlo,  tal vez fueron ambas cosas. ¿Quién era J? ¿Quien había sido y cómo establecer y elaborar aquello que desde el deseo pudiera realizarse y aquello a duelar o resignar?

Uno de los aspectos que se trabajó primero estuvo vinculado a la recuperación de hábitos previos: la lectura del diario, el seguimiento de noticias o programas por TV. Dentro del marco del tratamiento se dio la realización de elecciones nacionales y quiso ir. Desde esa salida comenzó a pensar el espacio de su sesión como un lugar desde donde planificar sus movimientos. Planificaba qué quería hacer para solicitar apoyo y gestión familiar para concretarlo.

Dentro de los márgenes posibles se trabajó la elaboración de aspectos de su historia vital con una creciente comprensión de sus condicionamientos y responsabilidades. Pidió entrevistas con sus hermanos para aclarar conflictos, encontró alivio al sentir que podía ordenar y reafirmar vínculos.

En el curso del tratamiento pasaron cosas movilizantes. Murió su madre, desde allí pudo preguntarse cuál había sido su relación con ella.  Adoptó una posición de cuidado y atención para con su analista, quien cursó un embarazo durante un periodo del tratamiento. La apertura de preguntas sobre su historia como hombre, su relación con el amor y la sexualidad acercaron a la recuperación de una imagen.

El  hombre recuerda: siendo un muchacho decide visitar en vacaciones a una amiga, una compañera de estudios universitarios que vivía en un pueblito del interior. Una verdadera cruzada en torno a esas manifestaciones del deseo neurótico donde todo gira en torno a lo imposible. Cansado de hacer dedo, entró finalmente al pueblo subido a un tractor. Por fin llegaría y de una manera diferente a su convencional paso por las cosas. Hubo una notable vivencia de alegría, un halo vivificante en ese recuerdo. El color del cabello rubio de esa mujer volvió en un dibujo torpe, limitado por su motricidad.

Llamamos reminiscencia a la función que permite recordar pensando o relatando hechos, actos o vivencias del pasado. Salvarezza la define con mayor precisión diciendo que es: “una actividad mental organizada, compleja y que posee una finalidad instrumental importantísima: la de permitirle al sujeto reafirmar su autoestima cuando sus capacidades psicofísicas y relacionales comienzan a perder vitalidad”. [i]

Agrego que este recuerdo fue habilitador de la fantasía. Freud dice que el ensueño diurno, la fantasía en la que el adulto intenta reparar su insatisfacción o su dolor, lleva la fuerza impulsora de experiencias infantiles. [ii] Se nutre de esa memoria escrita en un idioma arcaico, sensorial, erógeno; cuando un deseo emparentado con el actual podía cumplirse.

Intervenciones para sostener alguna continuidad entre quien fue J y quien podía ser ahora. Historizar. Recuperar las trazas del deseo. Poner símbolos. Inscribir alguna diferencia a favor de su subjetividad. Para él y su familia, algo había sido distinto en este último tramo de la vida

Pasaron ya diez años del desarrollo de este tratamiento, tiempo necesario para mirar de lejos y escribir. Hablando de este caso alguien recordó una película de David Lynch: “Una historia verdadera” y quise verla. Un hombre anciano decide ir a ver a su hermano con quien no habla desde hace diez años, pero lo hará de una manera especial: montado en una cortadora de césped y un trailer. Un viaje heroico en el que recorre en más de seis semanas un tramo del territorio norteamericano para llegar hasta el otro y reconciliarse. Elige tomar un desvío.

Cuando tenemos la oportunidad de escuchar a alguien en el tramo final de su vida, lo sepamos o no, hay un efecto que perdura. Lo evoco en las palabras de Blanchot:

“Mantenerme presente en la cercanía del otro que se aleja definitivamente muriendo, tomar sobre mí la muerte del otro como única muerte que me concierne: he aquí lo que me pone fuera de mí y es la única separación que puede abrirme, en su imposibilidad a lo Abierto de una comunidad[iii]

 

La autora es Licenciada en Psicología y Maestra de Artes Visuales. Desde su interés por las relaciones entre Psicoanálisis y Arte publica sus notas  en el blog  – “El eco de Psique: Arte, Literatura y Psicoanálisis”   http://elecodepsique.blogspot.com.ar  Ha realizada colaboraciones en poesía para la Revista Monolito. Mención de Honor en Poesía en el Concurso Literario Nacional “Paco Urondo “2015. Colaboraciones en los géneros cuento y ensayo para Revista Jus Digital. Publicó ensayos  breves sobre temáticas ligadas al ejercicio de la Psicología en compilaciones realizadas por la Editorial Letra Viva. Redactora en el Semanario  Las Nueve Musas. Coordina la Comisión de Cultura del Colegio de Psicólogos Distrito XII. Bs As. Argentina. Representante de la citada institución en el Comité Consultivo de la Biblioteca Virtual en Psicología Argentina. Docente en CBC. UBA

Referencias bibliográficas

[i] Blanchot, Maurice: La comunidad inconfesable. México, Editorial  Vuelta.1992 Traducción David Huerta. p. 18

[ii] Freud, Sigmund: El poeta y los sueños diurnos Obras Completas. Ediciones Orbis. Argentina

[iii] Salvarezza L. Psicogeriatría.  Paidós. Bs.As. 1988.

Autor: María Victoria Fabre