“Encontrar un psicoanalista”

Por Francisco-Hugo Freda

Breve introducción

Encontrar un psicoanalista es lo que ofrece el CEP con sus CAP’s. Encontrar un psicoanalista libremente, sin tener que pagar y a los afectos de poder poner en palabras un sufrimiento, un síntoma o un malestar, es la proposición que hicimos a todos los miembros de la Universidad y, un poco más allá, a aquellas personas de la comunidad de San Martín que se acercan a la UNSAM.

Los Centros de Atención Psicoanalítica hacen una oferta, la cual no se confunde con “hacer un análisis”. ¿Qué lo diferencia? En primer lugar, y sobre todo, la dimensión temporal. El tratamiento de los CAP’s está determinado en el tiempo. Y en el interior de ese tiempo determinado, hay momentos. Hablaré de cada uno de esos momentos.

Francisco-Hugo Freda, Psicoanalista. Director del Centro de Estudios Psicoanalíticos de la UNSAM

Francisco-Hugo Freda, Psicoanalista. Director del CEP y de la Unidad Interdisciplinaria de Salud de la UNSAM

Hay un momento inaugural en el cual una persona, un ser hablante, no importa de qué edad y no importa por qué circunstancias, decide, consciente o inconscientemente, queriéndolo o no, libremente u obligado, encontrar un psicoanalista. Un psicoanalista no es un psicoterapeuta, eso es lo esencial. La psicoterapia se funda en un volver al estado inicial, en solucionar el problema, en recuperar el equilibrio perdido que impuso el síntoma. De alguna manera, es una marcha atrás, o sea volver a un antes del síntoma. El psicoanalista se mueve en otras coordenadas; sabe que no hay marcha atrás y debe saber que el tiempo deja una marca en el ser, por lo que nunca podrá volver a encontrar el pasado. Eso no quiere decir el “pasado pisado”, sino, antes bien, que con el analista puede encontrar una interpretación del tiempo pasado y los efectos de dicha interpretación. De alguna manera, el síntoma es una interpretación, una interpretación que el paciente que lo sufre desconoce. Es esta conjunción entre síntoma y desconocimiento lo que hace que un sujeto hablante golpee tímidamente la puerta donde se aloja el analista.

Ese tímidamente, primer esbozo de la demanda, es lo que hay que acoger, recibir; ese tímidamente es lo que hay que recibir con mucho cuidado, con mucha atención, y con la dosis de asombro necesaria que impone la regla general, que indica que cada caso es diferente.

Es decir, el analista es diferente del psicoterapeuta, no tiene un protocolo de entrevista, sino el deseo de recibir un punto de interrogación. Un “no sé por qué me pasa lo que me pasa”, un “yo no soy así”, un “no quiero vivir más de esta manera”, un “quisiera saber las razones por las cuales siempre fracaso”; es decir que al síntoma lo acompaña siempre una interrogación. La diferencia entre el psicoterapeuta y el psicoanalista es que uno hace vivir la interrogación al extremo de no cerrarla nunca y el otro se adjudica el derecho de responder en nombre de principios universales.

O sea que en primer lugar, en los CAP’s, recibimos eso. Y lo que hacemos en los CAP’s es seguir la orientación que Freud y Lacan nos han legado: un psicoanalista debe hacer lo necesario para que todos puedan beneficiarse de los avances del psicoanálisis.

 

Cómo funcionamos

Primer momento; hay un ofrecimiento al cual un individuo responde pidiendo una entrevista con un psicoanalista. Se lo cita un día y en un horario y se le piden pequeños  datos. Se trata ahí de una primera admisión.

Segundo momento; un analista recibe al paciente y le indica el modo general de funcionamiento. Ahí hay dos momentos: el presente, allí donde el paciente y el analista se encuentran, y el cual va a durar “cierto” tiempo. Se trata, en ese momento, de precisar el orden de la demanda. En cierta manera, el tema a tratar, aquello que lo trajo. Se trata de poner el acento en el motivo que lo llevó a querer encontrar un psicoanalista. Si insistimos en el término “encontrar un psicoanalista”, es porque creemos que no es un hecho banal el que un individuo desee encontrar un psicoanalista, poco importa si sabe o no sabe qué es un psicoanalista. El que si debe saber muy bien qué quiere decir encontrar un psicoanalista, es el psicoanalista. Él sí tiene que saberlo. Y tiene que estar constantemente presente ese saber, que podemos traducir bajo la fórmula: el deseo del psicoanalista. Y en nuestro caso, mucho más debe saberlo porque, dada la estructura del CAP, los días del psicoanalista están “contados”. El psicoanalista del CAP no tiene todo el tiempo a su favor. Esa es la diferencia con el tratamiento psicoanalítico propiamente dicho, en el cual, como Freud lo indicó, y nadie lo ha modificado después, se sabe cuándo comienza pero no se sabe cuándo termina.

En el CAP, por el contrario, se sabe cuando se empieza y cuando se termina. Por lo tanto, el psicoanalista no tiene respiro, no puede dormirse pensando en que tiene todo el tiempo por delante.

Entonces, en ese primer momento hay que izar a la categoría de una tarea a cumplir lo que se ciñe como preocupación principal.

Y no me amedrentan las pequeñas voces que murmuran que lo que se presenta hoy como problema, mañana no es otra cosa que una excusa. Ya lo sé. Pero no es de eso de lo que se trata. Ceñido el problema, se pasa al tratamiento con otro analista. O sea que la primera muerte, la del primer analista, ya está firmada antes de empezar.

Tercer momento; dieciséis sesiones, ni una más. Pueden ser menos, sea porque el paciente decide parar antes, sea porque el analista considera que ya está bien.

¿De qué se trata en esas dieciséis sesiones? Nada más ni nada menos de que el paciente pueda medir mínimamente los efectos de la palabra sobre el síntoma y que, a partir de poder medir esos efectos, pueda descubrir la dosis de amor que hay al interior de cada decir. Amar el bien decir y los efectos que produce ese bien decir sobre el síntoma.

Ese es el objetivo de encontrar un psicoanalista en el CAP, y si por añadidura el síntoma desaparece, mejor aún. Pero si el síntoma desaparece y al mismo tiempo desaparece el amor por el bien decir, ese no es un motivo de regocijo, más bien debe ser objeto de reflexión y de preocupación.

¿Es que el análisis se termina ahí? Tal vez donde el termina el análisis en el CAP, podría comenzar otro. Nosotros elaboramos una regla: si el paciente quiere continuar el análisis debe encontrar un psicoanalista por fuera del CAP. Los analista del CAP se ocupan de los pacientes del CAP.

He escuchado durante muchos años, cuando fui director en París del CPCT (Centro Psicoanalítico de Consulta y Tratamiento), y ahora también, grandes elogios a la transferencia y lo nefasto de su interrupción obligatoria. No me encandilan esas sirenas. La ecuación del amor en la época de Freud no es la misma que en la época de Lacan, y mucho menos en los principios del siglo XXI. El amor no es eterno, no hay que confundir amor con “casamiento”. Bien sabemos que tanto Freud como Lacan hicieron del casamiento del sujeto con el objeto uno de los nombres de la relación sexual, cuya única función es hacer desaparecer la dimensión subjetiva. Es decir, se casan con el analista para cerrar los ojos ante el real del inconsciente.

Esta es la ética que orienta el trabajo de los psicoanalistas, jóvenes y menos jóvenes, de los CAP’s del Centro de Estudios Psicoanalíticos de la Universidad Nacional de San Martín.