“Entrevista a Damasia Amadeo de Freda: “El adolescente actual. Nociones clínicas”

Entrevistada: Damasia Amadeo de Freda (DAF)

Entrevistador para Revista Desvíos: Juan Sist (JS)

 

JS: “El adolescente actual, nociones clínicas” es el título de su libro recientemente publicado. ¿Cuándo se acercó a esta clínica, la de la adolescencia? y ¿Qué la convocó de ella a la hora de elegirla como temática de su primer libro?

DAF: En primer lugar, el libro es el resultado de una tesis de investigación que hice en el marco de una Maestría en Clínica Psicoanalítica de la UNSAM.

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“El adolescente actual. Nociones clínicas”

En la época de la redacción de dicha tesis, hacía ya unos años que estaba a cargo del equipo de adolescentes en una institución de tratamiento psicoanalítico aplicado a las urgencias subjetivas de la actualidad: PAUSA. Fue el encuentro con esa clínica lo que no cesaba de interrogarme.

De pronto, me encontraba con factores novedosos, entre los cuales puedo enumerar algunos: la gran afluencia de adolescentes derivados por instituciones educativas o por familiares y, correlativamente a esa afluencia masiva, un gran desinterés por parte de ellos en hablar con un psicoanalista; es decir, una ausencia total de interés en tratar por la palabra el malestar que sin embargo manifestaban.

Evidentemente, el efecto inevitable de este tipo de encuentro resultó ser la ausencia de transferencia, principalmente bajo la forma del sujeto supuesto saber, el cual, suponía, debía encarnarse de alguna manera en ese espacio que se les proponía.

Esto, acompañado de la aparición masiva de síntomas y posiciones subjetivas que también desconocía mayormente, como ser los cortes en los brazos como modo de palear la angustia, las fluctuaciones en la elección del género para la obtención del goce sexual –constatado únicamente en adolescentes mujeres-, los intentos de suicidio, los acosos de todo tipo entre pares, etc.; todo eso formaba un paquete que no sólo me asombraba, sino que también me decepcionaba: literalmente, no sabía qué hacer frente a esta clínica que, por un lado, mostraba un gran desorden, una gran desorientación -podría decirse- y, al mismo tiempo, una gran falta de “implicación” de parte de quienes eran portadores de un malestar que sin embargo se dejaba ver.

Pasado ese primer cimbronazo, que recaía exclusivamente sobre mi persona, pude extraer de lo que se presentaba como un obstáculo, como un impasse, una oportunidad que resultó ser, desde todo punto de vista, muy fecunda: la tesis de investigación y la publicación del libro.

JS: La “desorientación” con la que se presentan los adolescentes, ¿es una posición subjetiva o es un síntoma?

DAF: Desorientación es el término que resume el conjunto de comportamientos, síntomas y posiciones subjetivas de los adolescente que, en primer lugar y como se lo manifesté recién, me desorientaba respecto del lugar del psicoanalista y de aquellos parámetros con los que contaba hasta el momento.

Paradójicamente, fue esa desorientación, aquella con la que me enfrentaba en la clínica con adolescentes, la que me orientó, la que funcionó de brújula en una investigación que, puedo decir ahora, hoy va mucho más allá de la tesis y de la publicación del libro al que dio lugar.

Damasia Amadeo de Freda. Directora de la Serie Tyché y autora del libro “El adolescente actual. Nociones clínicas”

 

Sí, hoy sigo sosteniendo que la desorientación en los adolescentes es un síntoma, un síntoma que sin duda los abarca y los aprieta, pero que también los sobrepasa, porque se trata de un síntoma global del cual, en todo caso, ellos son el reflejo más evidente y por razones muy precisas: frente al declive del Padre, a la pulverización de la autoridad como garante de un orden, frente al estallido de un orden simbólico que hoy lo vemos desmoronarse por todas partes en nombre de una ley mucho más férrea y mucho más poderosa, que es el mercado, en ellos -los adolescentes- el impacto es más profundo, es más drástico y es más dramático, podríamos decir. ¿Por qué? Porque Freud nos enseñó que el adolescente se “rebela”, que se rebela contra el padre para, desde ahí, impulsarse y dar el salto hacia otros representantes, hacia otras figura que funcionan como soporte de una identificación que los orienta y los catapulta  hacia el futuro.

Lo que anteriormente era sin lugar a dudas un golpe, un momento que se atravesaba no sin una cuota importante de sufrimiento, hoy en cambio vemos por todas partes que ese salto no es más que rebote, y que ese golpe no es más que contragolpe, golpe contra nada –como bien decía el sueño de un paciente de uno de los casos del libro-, salto y golpe vanos, cuando el horizonte no les permite avizorar nada, salvo una ausencia apabullante de esperanzas en el porvenir.

JS: En el libro, usted ubica los síntomas del adolescente como “paradigmas del real de nuestra época”. ¿Cómo afecta ese real al quehacer del analista?

DAF: Es un real, efectivamente, que demanda ser interpretado. Y no hay un discurso mejor que el del psicoanálisis para interpretar el real de la época. Eso lo he aprendido y lo aprendo todos los días en la clínica con adolescentes.

Esa clínica, más que ninguna otra, nos informa también del real de la época, de lo que no se asimila, de lo que no entra en el orden simbólico, de lo que no pide expresarse por la palabra.

Pero entiendo también que ese real no los afecta sólo a ellos, que ese real afecta profundamente el quehacer del psicoanalista.

Por ejemplo, si hay una caída de la autoridad en todos lo dominios, ¿por qué no se vería afectada también la figura del analista en tanto autoridad, por ejemplo?

Los adolescentes son quienes manifiestan sin ningún tapujo que el analista no es ninguna autoridad, que el analista no es, por ejemplo, el sujeto supuesto saber. Si el padre ya no lo es, si el profesor no lo es más, ¿por qué lo sería el psicoanalista?

Por otra parte, si el amor se modifica con la época -y los adolescentes dan la temperatura de dicha modificación, y no sólo por el cambio regular de partenaire, esperable siempre en ese momento de la vida, sino por la fluctuación en la elección del género para la satisfacción del goce sexual, o por el desconocimiento total de aquél con quien se puede compartir no obstante y sin ningún inconveniente un encuentro sexual fugaz-, entonces, a partir de estos hechos simples y cotidianos, se impone interrogarnos sobre una posible reconfiguración del amor de transferencia frente a esta nueva coyuntura.

Una pregunta posible es, ¿hasta dónde es capaz de soportar el psicoanalista un destino de anonimato? Por mi parte, hago cotidianamente esa experiencia en la clínica con adolescentes. No ser nadie para ellos o, en el mejor de los casos, ser una herramienta que les sirve para algo que, en la mayoría de los casos, no tengo la oportunidad de saber qué es.

No obstante esto, he aprendido a reconocer como invalorable ese poco de lugar al que, cada tanto y nunca de un modo sistemático o previsible, soy destinada; un lugar en el cual también se han producido hallazgos considerables.

JS: Me parece muy interesante pensar la “obediencia pasiva” como reflejo de la desorientación. ¿Qué más nos puede decir sobre la respuesta que encuentra un adolescente frente a un psicólogo, como educador, y la que puede encontrar con un psicoanalista, en tanto “relevo de la función del padre”?

DAF: En el libro, la “obediencia pasiva” es una de las formas del desinterés de los adolescente en el encuentro con un psicoanalista. La figura clásica del adolescente es la de la rebelión, la de la imposición de sus convicciones. Desde esa perspectiva, era esperable encontrarse con una oposición a consultar a un psicoanalista, debido a que ellos no dejaban de indicar que no tenían ningún interés en estar ahí y que tampoco habían pedido nada. Lo que resultaba más inquietante era observar una suerte de docilidad frente a la imposición del Otro, una docilidad que deja al psicoanalista frente a una encrucijada; porque aceptar dicha docilidad no es más que alinear la oferta que desde el psicoanálisis se les ofrece con los discursos que ellos denuncian. Fue una decisión no imponerles de ningún modo tener que ir hablar a ese espacio, aunque no por ello se los rechazaba; se les manifestó siempre que ese lugar era algo que podían utilizar como no, y con total libertad. La puerta siempre estuvo abierta para ellos. Esa fue la política, la cual hoy continúo sosteniendo en otro espacio de atención a adolescentes.

Freud dice que hay que excavar mucho para finalmente encontrar una piedra preciosa. En la clínica con adolescentes, no obstante lo que he dicho, me he encontrado con más de una.

Respecto de la segunda parte de su pregunta, el psicoanálisis ofrece un tipo de diálogo que no se asemeja en nada a los otros, sea el de la educación, el de la psicología, el de la religión o el de la salud. El psicoanálisis ofrece la posibilidad de crear a partir de la palabra, y entre dichas creaciones está la posibilidad de construir un Otro acorde al propio deseo.

En ese sentido, el psicoanalista puede tomar el relevo de la función del Padre, lo cual no quiere decir que lo reemplace, no quiere decir que el analista venga a sustituirlo.

El analista puede ser el relevo de aquella función que hoy está en declive, pero no para restaurarla, sino para, en lo posible, permitirles a los adolescentes desentrañar, aunque sea mínimamente, las coordenadas del propio deseo. Esto, que puede parecer poca cosa, sin embargo es de una potencia enorme e incalculable, como lo es todo acto de creación.

JS: ¿Tiene pensado continuar la investigación?

DAF: Sí, tengo el proyecto de investigar sobre el adolescente del conurbano bonaerense. Afortunadamente, estar a cargo del equipo de niños y adolescentes del Centro de Atención Psicoanalítica del CEP en la UNSAM me da la oportunidad de interrogar ciertas características que un       contexto social determinado imprime en ellos.

 

Autor: Damasia Amadeo de Freda