“Entrevista a Graciela Musachi”

Entrevista a Graciela Musachi por Juan Sist para la Revista Desvíos

RD: En el primer texto de su libro plantea que “la liberación femenina no resuelve las cosas respecto de su “propio” sexo y de su existencia”. No obstante esta afirmación, ¿qué rol cree que ha jugado el psicoanálisis en dicha liberación de la mujer? Y ¿qué consecuencias ha tenido?

GM: El sintagma “liberación de la mujer” ha surgido en el campo de lucha de los feminismos y, aún allí, transcurridos muchos años, al menos las más lucidas de entre las feministas se preguntan por qué las mujeres no quieren abandonar sus cadenas. Con esto quiero enfatizar que “liberación” no es un término del psicoanálisis ya que nuestro campo es habitado por la repetición, lo que da su sentido a la existencia del analista.

Sin embargo, el psicoanálisis tiene una incidencia en el cambio de posición de las mujeres en el último siglo ya que el feminismo de la diferencia, surgido en Francia y trasladado a América (la del Norte), se formó en su origen con Jacques Lacan y, en los tiempos de Freud, unas cuantas de sus discípulas debatían con el maestro acerca de los temas que les concernían como mujeres en el contexto de otro feminismo, el de la igualdad. La incidencia es pues, en principio, teórica y dio argumento tanto a las feministas partidarias del psicoanálisis como a sus enemigas e introdujo en el psicoanálisis mismo desvíos de renombre.

Graciela Musachi, Psicoanalista. Autora del libro "Fantasmas colectivos. Clínica del sujeto." entre otros

Graciela Musachi, Psicoanalista. Autora del libro “Fantasmas colectivos. Clínica del sujeto.” entre otros

El psicoanálisis como experiencia posibilitó que muchas mujeres tomaran la palabra y se orientaran respecto de  su “propio” sexo y existencia, es decir, respecto de lo que es su deseo o su satisfacción.  Por otra lado, la propagación masiva de sus términos durante prácticamente todo el siglo XX los convirtió en parte no sólo de la cultura sino de la cultura llamada popular, produciendo efectos en el peso de los ideales y en el “uso” de la palabra. Estos efectos también condujeron a inevitables malentendidos respecto de la doctrina, que permiten creer que una “liberación” es posible “olvidando” el punto donde comenzaron las luchas feministas: por sus derechos como ciudadanas.

El siglo XXI trae consigo una “remake” prepsicoanalítica y prefeminista de la sugestión, bajo el nombre terapia cognitiva conductual. Esas mismas mujeres que querían liberarse del yugo del Otro caen seducidas por lo que les es ofrecido como cura milagrosa: tips, manual de ejercicios para resolver conflictos y otras sabidurías de pacotilla disfrazadas de  ciencia que borran de un plumazo todo tipo de “liberación” feminista o de orientación en el propio deseo por un psicoanálisis.

El psicoanálisis sólo continuará existiendo por el deseo de quien lo practica en la frescura y radicalidad de su surgimiento; esto es: si el psicoanalista se sustrae de los fantasmas colectivos que imperan en este siglo como rápida resolución de lo que llevó una vida construir, el psicoanálisis estará así, siempre inventándose.

 

RD: ¿Por qué hacer un libro con tantas referencias históricas del movimiento psicoanalítico en este momento?

GM: Es sabido que el antihistoricismo es patrimonio de la cultura del american way of life pero, diría Benjamin, la superproducción del objeto técnico, con la consecuente transformación de la percepción del tiempo, junto con la globalización, no han hecho sino llevar esa peste fuera de sus confines.

Con esto no quiero decir que el psicoanálisis deba ser historicista, sino que su concepción del tiempo –lógico en términos de Lacan- exige que el análisis cuente siempre con un instante de ver, un tiempo de comprender y un momento de concluir, los cuales, en Freud, se resumían en los dos tiempos necesarios (más la latencia) en la conformación de un síntoma, por la retroactividad de su efecto. Sin una lectura sintomática de lo que nos determina, en este caso nuestra inserción en el psicoanálisis en la Argentina, no hay práctica esclarecida posible. Todavía hay lacanianos que, sin haberlo decidido por alguna elección estratégica, dirigen curas de 50 minuto por reloj, por el hecho de que, creen, lo dijo Freud quien, sin embargo, sólo dijo que ese  tiempo era lo que a él le resultaba cómodo; desatender lo fundamental de la función temporal implica que eso tiene efectos antipsicoanalíticos en la cura. Es aquí donde se ignora el instante de ver argentino que, para ser breve, tiene un nombre: APA y, en consecuencia, IPA (tampoco es posible ignorar esa historia).

La sesión breve de Lacan no determina la duración de la sesión sino que, en la era de lo Fast, trata de reducir el tiempo de comprender siguiendo la “lógica” del fantasma. En suma, ignorar la “historia” es ignorar la disciplina de Lacan, y para ello sólo basta recordar el título del primer apartado de su texto “La cosa freudiana o el sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”: Situación de tiempo y lugar de este ejercicio; aquí, como por el azar de mi elección, critica el antihistoricismo americano.

 

RD: Si el psicoanálisis nos permite orientarnos en lo que no tiene remedio, ¿cuál será su porvenir en la época del “remedio para todo”?

GM: Si todavía estamos en el debate de las Luces, como aseguró Lacan, es porque la ciencia ha cultivado el imperio del Todo, del universal, muy bien transmitido a las masas mediante el logo del estudio americano de cine Universal.

Claro que esta cultura no se sostiene, tiene impasses, fallas, y también pliegues, como una mujer prehistórica (¿?), según Lacan, por donde el psicoanálisis puede circular.

Decir que el psicoanálisis cura por añadidura implica decir que cura. Cura lo que tiene que curar: la relación del sujeto con el cuerpo que tiene o cree tener y, por lo tanto, con lo que “obtiene” de él, es decir, su satisfacción; esta cura redundará en hacer más sencilla su vida. Esta satisfacción se compra hoy en el supermercado y, si bien lo que se compra está diversificado (hay grupos para distintos goces del cuerpo), esto no implica que el síntoma no siga existiendo o que esa existencia sea más soportable, ya que es el dueño del supermercado el que termina por hacer esas ofertas…

Si tomamos, por ejemplo, las relaciones entre los sexos dejadas en manos de la justicia (manos universales si las hay), vemos las graves consecuencias que eso ha traído, por la impotencia en la que las pasiones en juego dejan a los jueces involucrados y a las buenas intenciones de la psicología que los asesora. Las leyes universales no podrían saber nada de lo que une a “esos que dicen amarse”.  Tampoco lo podrían resolver, en este punto, las consignas de ni una más o ni una menos para que la cuenta se detenga.

 

RD: ¿Cómo considera la tensión entre la clínica del sujeto y los fantasmas colectivos que plantea en su libro?

GM: Habría que preguntarse por qué los filmes de zombies dan tanta satisfacción desde hace unos años.

Para retornar a Benjamin, en su concepto de masa sin líder se encuentra un modo de responder; la masa, como él la concibe, es una especie de sonámbulo ligado a objetos (técnicos) que lo sumergen en ensueños colectivos pero éstos, sin embargo, tocan los fantasmas fundamentales de cada uno. De esos fantasmas colectivos no despertarán sino por un uso revolucionario de esos mismos objetos por algunos más despiertos. Por cierto, no es el modo de despertar que concibe el psicoanálisis, ya que sabe que, uno por uno, si bien no somos sonámbulos, no hay despertar más que para seguir durmiendo. Es la sentencia con la que provoca Lacan: el serdicente goza y no quiere saber nada…..hasta que el síntoma o algún mal encuentro lo despierta por un momento y, según cómo interprete su síntoma, podrá llegar a saber algo de eso, o sea, sólo si acude a un psicoanalista, ya que ofertas como la psicología o las terapias cognitivas alimentan esos fantasmas colectivos de dominio en los que el yo se siente por un tiempo como en su casa (recordemos que Freud ha dicho que, porque hay inconciente, el yo no se siente dueño en su propia casa).

La práctica del psicoanálisis es una clínica del sujeto, porque el que habla lo hace como un serdicente, es decir goza como un…hablante y, aunque esa pulsión trabaje en silencio, lo único que puede hacer es delirar. Si acude a un psicoanálisis no podrá, quizás, sustraerse a los efectos de masa, pero no se bañará en ellos. Es la paradoja que señala Eric Laurent: “el discurso del psicoanálisis no tiene limitación de número pero, no obstante, puede sostener la paradoja de hacer lazo uno por uno.” (*)

Last but not least, inscribirse en una genealogía (Freud, Lacan, Miller, Masotta, en mi caso), además de proveer una orientación, deja fuera de juego el debate entre ortodoxia y heterodoxia que es tan apreciado por la ecléctica psicología, eficaz para desorientar practicantes.

* Pensar con su alma o hablar con su cuerpo. Entrevista a E. Laurent por P. La Sagna en www.psicoanálisisinédito.com

Autor: Graciela Musachi