“La asociación libre no es tan libre”

 

Antes que nada, bienvenidos al primer número de “Desvíos”, la revista del Centro de1 Estudios Psicoanalíticos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

El psicoanálisis parte de una premisa: El sujeto no sabe lo que dice (Lacan, seminario 2). Es esta convicción por parte del analista la que lo autoriza a posicionarse como partenaire del analizante, advirtiendo que analizante no es aquel que pasa un tiempo semanal junto a un psicoanalista, sino el que hizo suya la regla fundamental del análisis – decir todo lo que se le ocurra, sin importar que parezca fuera de lugar o le de vergüenza, aceptando su lugar de determinación e implicación respecto a lo que dice-. Vale aclarar, esto no quiere decir que no haya un saber en juego. Precisamente, el saber que nos interesa se efectúa a costas del paciente, determinando su posición en tanto sujeto-sujetado a lo que dice. Verdadera entrada en análisis, en tanto el yo deja de ser agente de lo que habla, dando lugar al efecto sujeto de lo que se dice, más allá de la intención de su decir.

Este aspecto del psicoanálisis fue exactamente el que se me vino a la cabeza al encontrarme con los primeros trabajos que llegaron al E-mail de la revista.  Hay tres lugares que ofrecemos: Temática, Desde el diván y Articulaciones. El primero es el único que tiene un ordenador y en este primer número nos pareció importante compartir, vía escritos de los miembros del equipo del CEP, la experiencia que estamos llevando a cabo en la UNSAM, desde hace algunos años, en el Centro de Estudios Psicoanalíticos.

Bien, el resto de los espacios están abiertos a notas cuyo tema puede ser cualquiera, se trata de una invitación a tomar la palabra, a compartir lo que se está trabajando actualmente: lo libre. Pero nos encontramos con que esa libertad que nosotros ofrecimos en relación a la temática, no era tan libre – así como la asociación libre freudiana nos muestra que hay una determinación inconsciente-. No por nosotros, los que formamos parte de la revista y leímos la enorme cantidad de trabajos que por suerte este primer número convocó, sino porque en la mayoría de esos escritos supuestamente libres había una temática que los gobernaba: El cuerpo.

El profesor Diego Singer escribió “Filosofar en Devoto. La detención de los cuerpos en Devoto” –reflexionando sobre las consecuencias de esa detención vía su experiencia dando clases de filosofía en la cárcel de Devoto-, Dario Radosta escribió “Una teoría del cuerpo en el cuidado hospice”  -donde habla del borramiento ritualizado del cuerpo en la modernidad y una posible alternativa que ofrece el movimiento hospice-. Los escritos de psicoanálisis no estuvieron al margen de esta cuestión: “Sabina Spielrein: el nombre de la abstinencia”, “La casa” y “Las letras de Lacan” hacen presente la dimensión del cuerpo en cuestiones tales como la abstinencia a satisfacer la demanda amorosa que se hace presente en el análisis, la constitución del cuerpo en el autismo y una lectura de ciertos indicios presentes en textos tempranos de la obra de Lacan sobre el estatuto de “la letra”. Tampoco puedo olvidarme del texto de Guido Coll, donde habla del concepto Parlêtre que propone Lacan en su última enseñanza con el fin de repensar al sujeto del significante, esta vez sin dejar fuera al cuerpo en tanto sustancia gozante –reorientando, tal como lo ubica el autor del texto, la orientación de la cura y lo que se puede esperar de un psicoanálisis-.

Una interpretación

Creo que esta cuestión merece una interpretación, como lo diría Hugo Freda –el director del CEP-. Nuestra revista es un espacio virtual que se oferta en internet, tal como muchas cosas lo hacen hoy en día. Y la respuesta que obtuvo esa oferta fueron escritos vinculados a la temática del cuerpo.

La virtualidad, que en nuestros tiempos gana territorio a pasos agigantados, parece poder refugiarnos de las contingencias que se pueden producir en un encuentro – por ejemplo, antes de salir por primera vez con una pareja, ya pasamos una gran cantidad de horas hablando por el chat del celular, pretendiendo obtener cierta garantía respecto a lo que nos vamos a encontrar- o incluso, como me suele contar un amigo mío que se dedica al área de RRHH, el Facebook pasó a ser una herramienta de selección de personal por lo que muestra de la persona en cuestión, “ya se lo conoce”.

En esta época lo corporal es reemplazado o reducido a la imagen. Nos refugiamos en la virtualidad por lo que el cuerpo pone en juego: el goce singular, aquello de lo que no se quiere saber nada. El goce, esa satisfacción extraña que puede hacer que nos desconozcamos, puede hacer vacilar las imágenes comunes en las que nos sostenemos. Esa satisfacción, que nos mueve y nos diferencia, no permite que nos reconozcamos en los otros, y hace presente lo más singular de cada uno. Y esto pone en jaque la ilusión de uniformidad y universalidad que el tiempo actual nos hace vivir, donde prima una necesidad de ser reconocido por los otros. Esta cuestión la ubica Germán García, en la entrevista que tuvimos la suerte de poder hacer para este primer número, refiriéndose al anonimato de las grandes ciudades y al empuje a la normalidad, donde reina el imperativo de “todos tenemos que ser iguales”.

Bien, advertidos del mensaje que nos fue devuelto, damos inicio a “Desvíos”, que pese a su virtualidad se ofrece como un espacio donde el Desvío de cada uno respecto a lo establecido es permitido. Propiciamos la toma de la palabra singular, teniendo como orientación constituirnos como un nuevo espacio de pensamiento crítico que aborde asuntos actuales y teóricos desde diversas disciplinas.

Juan Sebastián Sist

 

Autor: Juan Sebastián Sist