“La casa. Cartografía de un dispositivo entre-dos analistas”

 

“ERA UNA CASA MUY ALOCADA

NO TENIA TECHO NO TENÍA NADA

ABRIR LA PUERTA NADIE PODÍA

PORQUE LA CASA NO LA TENIA.

NADIE SABIA MIRAR AFUERA

PORQUE VENTANA TAMPOCO HABÍA.

NADIE PODÍA HACER PIPÍ

PORQUE PELELA NO HABÍA ALLÍ.

ESTABA HECHA CON MUCHO ESMERO

CALLE LOS LOBOS NUMERO 0”

                                                         Vinicius de Moraes

 

Este texto es una canción de Vinicius de Moraes que nos convoca en esta presentación. Decimos convocar con el significado del diccionario de la Real Academia Española: citar, llamar a una o más personas. De eso se trata el dispositivo que construimos para este niño. A su vez, esta canción fue aquello que convocaba a Francisco como un llamado o, podemos decir, una invitación a entrar por primera vez en el túnel, un estar allí, permitir un acunamiento con esta canción y, al finalizar la misma, salir del túnel, esperar y acercarse para volver a escucharla y entrar nuevamente en el túnel. Esto sucede en los momentos conclusivos del tratamiento que nos permiten pensar darle pasaje a otra institución.

Esta canción describe una casa en la que no hay nada, sin embargo, hay un significante: casa. Alguien denomina a esta casa muy particular, la podemos pensar como una estructura que no está, o que está por la ausencia de ciertos rasgos. Una estructura que no contiene ni es contenida, no hay bordes, no hay techo, ni puerta, ni ventana, no hay mirada ni por donde mirar, no se podía hacer pipí ya que no había un lugar para ello y, aquí podemos decir, no había un cuerpo, ya que como dice Lacan, hay que hacerse un cuerpo.

Dice también la canción que estaba hecha con mucho esmero y creemos que, también, hubo esmero de parte de los padres de Francisco que, aún con todos los avatares de su historia, pueden tomar el lugar que les ofrecemos en la institución. Había algo que los causaba para tomar la oferta de este espacio.

Tomaremos dos líneas importantes que nos resonó, que pudimos leer après-coup  como algo del orden de la invención, que da sustento al trabajo que se hizo. Estas dos líneas son: el dispositivo ¨entre dos¨ y el armado de la ¨historia clínica¨, como lugar de historización de Francisco.

Cuando decimos líneas lo leemos en el sentido que transmite Deleuze, en su texto ¿Qué es un dispositivo?, inspirado en Foucault. ¨Es una especie de ovillo o madeja multilineal. Desenmarañar las líneas de un dispositivo, es en cada caso levantar un mapa, cartografiar, recorrer tierras desconocidas, lo que Foucault llama, el trabajo en el terreno¨.

¨Los dispositivos están compuestos de líneas de visibilidad, de enunciación, líneas de fuerzas, líneas de subjetivación, líneas de ruptura, fisura, de fractura, que se entrecruzan y se mezclan, mientras unas suscitan otras, por medio de variaciones o mutaciones.¨

Esto nos habla de un proceso dinámico que da lugar a la creatividad, innovación, no como moda, sino como parte de la subjetividad.

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Liliana Di Vita en su libro “Interrogar el autismo” nos dice que ”…los dispositivos en su multiplicidad -tanto por sus formas, heterogéneas, como por los diversos analistas, más de 2, para introducir el 3- permiten instaurar relaciones localizables, ¨entre¨ uno y lo otro, en el espacio del afuera. Cada dispositivo se crea de acuerdo a lo singular de cada niño.”

Cuando recibimos a Francisco, en Julio de 2012, tenía 4 años. Es derivado del Hospital Gutiérrez, con diagnóstico de TGD. No habla, no controla esfínteres. Ingresa al consultorio pegado al cuerpo de  su madre. En la hora de juego, observamos un aplastamiento de su subjetividad: siempre echado, acostado, desconectado y un mutismo que lo hacía inaccesible.

Luego de ese primer encuentro, nos preguntamos: ¿Qué lugar se podría ofertar para este niño ? ¿Sería mejor derivar a Francisco a un Centro terapéutico? ¿Podría atenderlo una de nosotras?

Y en el mientras tanto y con toda la mar detrás, al decir de Fernando Ulloa, realizamos  juntas tres entrevistas más de hora de juego. Y fuimos descubriendo que Francisco podía ir habitando, con esta modalidad transferencial entre-dos, el espacio terapéutico.

Francisco nos respondía que sí, era posible trabajar con nosotras, en la institución, porque además había algo que es importante: esta familia, en ese momento, no tenía otro lugar, no tenía obra social para acceder a un centro terapéutico, Francisco no tenía escolaridad, estaba en un sistema totalmente endogámico. La única terceridad posible que podía atravesarlo era, en ese momento, la entrada al lugar de la institución para poder producir algún efecto de separación.

Y aquí queremos transmitir esta segunda línea de la conversación entre nosotras: ¨de la historia clínica se puede recrear la historia de un niño¨.

¿Qué queremos decir? La historia clínica que se empieza a escribir en la hoja de Admisión con los datos de filiación, la historia del embarazo y parto, la lactancia, el grupo de convivencia, avatares de la escolarización, antecedentes patológicos e internaciones etc., fue una hoja de admisión prácticamente en cero. Una historia que tiene muchos blancos, silencios, pero no a modo de un espacio o una pregunta. No había palabra, no había historización en el discurso de los padres.

Una madre que no podía historizar, no podía hablar, no podía decir nada sobre este niño que había tenido a sus 17 años; luego, encerrada y confinada por su propia madre en su casa, prohibida de salir por temor a que hiciera algo de su deseo, sea caminar, salir a comprar, volver a la escuela o tener una pareja, nada de esto fue posible. La madre arrasada, aplastada en su subjetividad por su propia madre, casi al límite del mutismo…

El padre tampoco podía historizar porque, por prohibición de la abuela materna, no lo conoció a Francisco hasta  los 2 años y medio. El padre dice en la primera entrevista: “Para él, soy sólo una visita”.

 

Francisco usaba pañales, se pegaba a la madre como puro objeto, quedaba por fuera de cualquier espacio, no había un afuera ni un adentro, no había sucedido esta función estructurante de alienación-separación. En las primeras sesiones, donde era imposible que Francisco ingresara en el espacio consultorio, a veces lo hacía ingresando con ambos padres y se acostaba en el piso.

Francisco corría fuera de la institución o en la sala de espera, o salía por la puerta de atrás. Allí surgió una expresión entre nosotras, que corría desaforado, por fuera, desde nuestra mirada, sin bordes que le pudieran acotar o señalar un adentro y un afuera.

Encontramos que Desaforado tiene dos acepciones: la primera, aquél que obra sin tener en cuenta la ley, y la segunda, que es exageradamente grande e intenso. Y así era, no había ninguna legalidad posible que enmarcara y diera entrada a la ley del padre y, por otra parte, esa intensidad y desborde grandioso conmovía a toda la institución.

Asimismo, siguiendo con esta línea de que no había nada, como dice la canción, tampoco había un cuerpo. Podemos pensar que ese cuerpo a advenir, a construir, fue  posible por ciertas marcas que el análisis fue trazando.

La trama del armado subjetivo de Francisco se tejió en el hacer entre-dos analistas. El registro en la historia clínica, no como una mera consignación de datos, sino desde el historizar, discursar, si nos permiten la palabra, sobre lo que traía y se jugaba con Francisco. La frase ¨de la historia clínica se puede recrear la historia del niño” que surgió de nuestras conversaciones, dice mucho de lo que entendemos sobre las marcas que el Otro inscribe. De allí que no pensamos este relato como una cronología lineal de los hechos, sino como la transmisión de los momentos, de las primeras marcas, que se trazaron en este recorrido.

 

Cuando Francisco entraba con su madre se desorganizaba, no podía despegarse de ella o se echaba al piso desconectándose de todo. Cuando él se quedaba en esta posición de aplastamiento, lo poníamos en juego en el dispositivo. ¿De qué manera? Ficcionando esta posición en nuestros propios cuerpos, lo denominamos “el juego del pegado”.  El juego consistía en adherir alguna parte de nuestro cuerpo a la otra o a algún objeto y convocarlo para que nos ayude a despegarnos y el acudía, separándonos.  Era un “como si” nos doliera lo sensible para armar un borde en el cuerpo.

 

El primer movimiento de Francisco en la espacialidad fue el atrás. Se iba al patio de atrás de la institución y, así, otro lugar se empieza a armar al tras-pasar la puerta. Fue una anticipación de la separación. El primer corte en la Cinta de Moebius se arma en el atrás. Francisco no tenía armado nada, ni realidad, ni Otro. Era puro grito, sin embargo, algo se empieza a armar allí, un discontinuo posible.

Y así, metidas nosotras en ese correr desaforado de Francisco, fue un día mientras que pronunciamos esas palabras mágicas de los juegos primordiales en la infancia: ¨corro que te corro, que te corro, que te agarro¨. Una de nosotras lo esperaba diciendo ¨acá estoy Francisco, ¡te espero!”. En ese contínuo, donde no había nada que hiciera borde, este decir produjo marcas. La constitución de dos lugares, un “desde donde salir” y un “donde volver”, un “encaminarse a” para realizar un movimiento de retorno, la vuelta. Francisco empezó a mirar para atrás mientras corría y a esquivar a quien lo esperaba y, así, creó otro espacio.

 

La entrada del padre al dispositivo no sólo tuvo relación con su deseo, sino, también, debido a un corrimiento azaroso de la madre por el nacimiento de Sebastián, hermano de Francisco.

El padre, sólo un “visitante” hasta el momento, que lo traía a Francisco en colectivo desde Merlo a Ituzaingó, llega un día y nos dice: ”estuvimos charlando todo el viaje”. En ese momento, Francisco  comienza con su laleo y su mirada más dirigida. Allí, el padre subjetiviza al niño al hablarle, al escucharlo, y transmitirle sus deseos y prohibiciones.

Lacan solía decirle a Francoise Doltó y a los analistas que la acompañaban en su institución de niños graves, que la clave estaba en el padre. Ismael, convocado a este espacio, se sumó al juego que armábamos con Francisco.

A Francisco le gustaba armar una torre con cubos para que su padre lo alzara y lo subiera hasta la cima, disfrutando de ese desequilibrio que se producía, siempre sostenido por Ismael y alegrándose al caer. Sale del abajo, echado, para construir altura, pasajes y oscilaciones a la manera del balanceo en altura, otras dimensiones posibles, y el caer desde la seguridad y el júbilo que le producía ese juego. Su mirada cada vez era menos errática y sus labios dibujaban una sonrisa.

A los pocos meses, el padre comienza a llevarlo a su casa y arma rutinas con su hijo y, poco después, Francisco deja los pañales.

Hubo un momento en que Francisco inicia un abrir y cerrar la puerta intencionalmente. Fue para nosotras una “marca en su historia clínica”, el 22 de abril de 2013.  Se empieza a jugar un ir y venir de Francisco del consultorio al afuera. Luego, quedando nosotras adentro, él se va y se queda un momento expectante detrás de la puerta, la abre sigilosamente, asoma su cabeza, primero mira a una de nosotras, asoma un poco más para ver a la otra, sonríe y cierra la puerta. Esta secuencia se repite hasta finalizar y nos quiere dejar adentro…adentro nosotras y él afuera…ja,ja ¿nos deja encerradas? El padre se suma a esta ficción diciendo: No las dejes encerradas, liberalas!!

La puerta como construcción de una distancia, de una espera… Distancia que construye espacio, es espaciar. Este dispositivo de entre-dos, como soporte de la transferencia, instaura un movimiento hacia otro lugar, el trazado de un recorrido de un punto a otro. También, el espacio incluye temporalidad ya que Francisco puede esperar el inicio de sesión sentado en una mesita dibujando en sala de espera.

Queremos compartir la invención de este dispositivo entre-dos analistas con un niño que estaba desalojado de la palabra, del cuerpo y del lazo social.

La experiencia analítica con Francisco nos interrogó, también nos permitió inventar y escribir para poder historizar esperando que advenga su subjetividad. Construir mundo que funda la posibilidad de hacer espacio en el lenguaje a través del juego.

“Que el niño no pueda articular una demanda al Otro no significa que no se pronuncie…” como bien dice Jean Claude Maleval. Es desde esta posición que se dirige nuestra clínica,que intentamos dar lugar al sujeto más allá de los actuales abordajes de re-educación y entrenamiento por la vía de lo pedagógico.

La casa representa una construcción de un lugar para vivir, la fundación de un espacio habitable que permita abrir la puerta para salir a jugar….

 Lic. Silvana Sturba

Lic. Flabiana Liñares

Bibliografìa:

Di Vita, Liliana: ¨Interrogar el autismo¨  Ed. Del Cifrado. 2005

Deleuze, Giles: ¨¿ Qué es un dispositivo?¨

Maleval, Jean Claude: ¨Escuchen a los autistas!¨ Ed. Gramma.

Lacan, Jacques: ¨Conferencia en Ginebra sobre el síntoma¨ 4-10-1975.

Autor: Silvana Sturba y Flabiana Liñares