“Las letras de Lacan. Lo escrito en retrospectiva”

 

Cuando pensamos en “letra”, quizá por la moda de la transmisión, solemos evocar la última enseñanza de Lacan, aquella donde aborda al síntoma en tanto que letra de goce y no ya como metáfora. Sin embargo en textos tempranos, como ser “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón según Freud”, presenta una utilización particular de aquella palabra. Claro que aparece enmarcada en un contexto discursivo diferente, donde Lacan hace uso de otras herramientas conceptuales.

Se advierte así que la “letra” no es unívoca a lo largo de la enseñanza de Lacan, sino que presenta diversos matices y por ende diferentes usos, cuestión que varía dependiendo en qué parte de su obra nos situemos, qué intereses clínicos presenta en tal época, con qué constructos teóricos dialoga. Lacan realiza un trabajo de elaboración de los conceptos que no implica la idea de progreso en el sentido de perfeccionamiento de lo anterior, su última enseñanza no elimina ni supera a la primera, siendo posible realizar lecturas dialécticas y retrospectivas.

Una invitación de Jacques Alain Miller: “el escrito que Lacan denomina “Lituratierra” responde al escrito denominado “La instancia de la letra…”, que reduce la letra al significante –aunque Lacan haya puesto ciertas frases que más bien darían a entender lo contrario. En todo caso, “Lituratierra” está hecho para distinguir el significante, como semblante, de la letra, que no es semblante”.[1] [2] ¿Cuáles son esas frases que darían a entender lo contrario?

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Gimena Sozzi Uboldi

Leemos con esa brújula “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón según Freud”, y algunos pasajes efectivamente provocan -por lo menos- inquietud. Pasajes donde “letra” no parece tan rápidamente equiparable a significante, o a fonema, a significado, a palabra… Se intentará entonces, en el presente escrito, abrir la posibilidad de advertir en “La instancia de la letra…” ciertos esbozos de desarrollos posteriores en torno al síntoma-letra de goce. Seguiremos esta pista poniendo la lupa en ciertos recortes del mencionado texto por orden de aparición, con algunos comentarios iniciales. Luego se realizará un breve rastreo por la conceptualización de letra en escritos y seminarios posteriores de Lacan.

 

“La instancia de la letra en el inconsciente o la razón según Freud” es un texto de 1957, momento en que Lacan aún forma parte de la IPA. Complejo por la modalidad barroca de la escritura, complejo en tanto se dirige inicialmente a estudiantes de letras -no a psicoanalistas-, y complejo en tanto busca hacer una utilización peculiar y hasta subversiva de otras disciplinas para enriquecer y conmover el campo del psicoanálisis de su época. Mínimamente hay que recordar que es un texto en el que intenta elevar la letra a la categoría de instancia, exhortándonos a saber sobre ella, la letra, en tanto ésta se inscribe en el inconsciente haciendo síntoma. Propone la importancia substancial para la práctica del psicoanálisis de jerarquizar el significante por sobre el significado -considerando la arbitrariedad de la relación entre ambos-, y tener suficiente conocimiento sobre el funcionamiento del lenguaje dado que el inconsciente está estructurado como tal. Es un texto en que Lacan ubica la letra en su uso significante, y muestra que así tiene efectos de verdad en las formaciones del inconsciente.

Para el recorrido propuesto, podemos comenzar con la interrogación al estilo de denuncia: “¿cómo un psicoanalista de hoy no se sentiría llegado a eso, a tocar la palabra, cuando su experiencia recibe de ella su instrumento, su marco, su materia y hasta el ruido de sus incertidumbres?”.[3] Tanto en esa interrogación, así como en la siguiente afirmación: “Designamos como letra ese soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje”,[4] vemos que Lacan parece señalarnos que la palabra, el discurso, toma del lenguaje un soporte, extracción de algo hecho de materia, la letra. Lo material, el ruido, nos puede remitir así a la inscripción de la letra en la materia del cuerpo en tanto que sustancia gozante. La mencionada afirmación de Lacan fue rescatada por Miquel Bassols, quien, relacionándolo con referencias de “Lituratierra”, indica que la letra es “distinta del significante. Y es un soporte o apoyo que podrá encontrarse (…) en el cuerpo del síntoma como lugar de escritura de un goce, como inscripción de la satisfacción de la pulsión. Se anticipa así, siguiendo el hilo de esta instancia de la letra en el fantasma, aquella parte del síntoma que permanece como opacidad de goce, fuera de sentido”.[5] Más adelante podemos observar justamente un intento por cernir aún más la letra, el significante como diferenciado de la letra. Algo se localiza, se fija del/desde el significante: “la letra, a saber, la estructura esencialmente localizada del significante”.[6]

En otra frase la letra se nos aparece como la marca de goce que mortifica al viviente mítico, y el espíritu como un S2 que vivifica en tanto le da un sentido al sujeto. Letra marca de goce, alrededor del cual el inconsciente cadena teje historias, semblante que permite cierta necesaria homeostasis. “Sin duda la letra mata, como dicen, cuando el espíritu vivifica”.[7] Esclarece Bassols, “La letra está en lo real, mientras que el significante está en lo simbólico”[8]. “La letra del discurso, en su textura, en sus empleos, en su inmanencia a la materia en cuestión (viene hablando de los sueños y su interpretación, desde Freud). Pues ese trabajo abre con la obra su camino real hacia el inconsciente”.[9] Aquí nuevamente la textura nos reenvía a la idea de la materia, la sustancia. Luego, la letra se muestra como la vía reggia hacia el inconsciente. Lo real a esta altura de la obra es lo verdadero, y ese inconsciente del que habla habría que suponer –de acuerdo a lo que viene desplegando en su texto- que es el inconsciente cadena significante, el inconsciente freudiano sobre el que posteriormente Lacan situará sus límites. Pero no hay que olvidar, Lacan se asume freudiano. Y en relación a los sueños, Freud ubicó su ombligo, ése lugar donde ya no hay más asociaciones que dar, el núcleo duro. Asimismo explicó, por ejemplo, que el síntoma no se arma sino con la solicitación somática (donde podemos leer la fijación pulsional) a lo que secundariamente se le agrega una fantasía (el inconsciente cadena trabaja para dar una significación)… Y sobre el carácter lógicamente de secundario del inconsciente, podemos leer del texto en cuestión: “El inconsciente no es lo primordial, ni lo instintual, y lo único elemental que conoce son los elementos del significante”.[10] Se advierte nuevamente la diferenciación entre el significante y su elemento material, la letra. La letra tampoco es lo instintivo como tal, pero mortifica al viviente mítico, por lo que el inconsciente transferencial cadena se ve forzado a responder otorgando S2, significaciones.

Por último podemos situar: “Si hablo de la letra y del ser, si distingo al otro y al Otro, es porque Freud me los indica como los términos a los que se refieren esos efectos de resistencia y de transferencia con los que he tenido que medirme…”[11] La letra parece entramarse con el “ser” entonces, pensémoslo en términos no ontológicos sino ónticos… En sí, lo que da consistencia pueden ser significantes del orden del semblante, pero si eso decanta -en un análisis por caso- quedará el núcleo de goce, grano de arena freudiano. El camino hacia allí, como nos lo indicó Freud, es justamente lo que provoca efectos de resistencia y de transferencia.

 

Ahora vayamos a la letra de un Lacan bastante posterior. En el Seminario 19 “…o peor” sitúa la importancia de la escritura y la letra en tanto se relaciona con lo matemático, y aclara “esto por supuesto depende de un estatuto de lo escrito distinto del que di de entrada”[12]. Realiza así ciertas reformulaciones con el estilo al que nos tiene ya acostumbrados. Ubica que lo escrito, la letra es del orden de lo real que retorna, y “si a veces parecí prestarme a que se creyera que identifico el significante y la letra, es justamente porque en calidad de letra me toca más, a mí, como analista”[13]. En el escrito previamente mencionado del mismo año, “Lituratierra”, señala nuevamente el presunto equívoco al decir que lo antes formulado “no autoriza a hacer de la letra un significante ni a afectarla, además, de una primariedad respecto del significante”.[14]

En su Seminario 22 “RSI” dice “¿Qué es lo que, del inconsciente, hace ex-sistencia? Es lo que yo subrayo del soporte del síntoma. Digo la función del síntoma, función a entender como la f de la formulación matemática, f(x). ¿Y qué es la x? Es lo que, del inconsciente, puede traducirse por una letra, en tanto que es solamente en la letra que la identidad de sí a sí es aislada de toda cualidad. Del inconsciente todo Uno (…) es susceptible de escribirse por una letra. (…) Lo que del síntoma opera salvajemente. Lo que no cesa de escribirse en el síntoma resulta de ahí”[15]. Este es el inconsciente que con Miller llamamos real, de todos Unos sueltos, significantes que no hacen cadena, que no quieren decir nada por sí solos, que se repiten en lo real. Inconsciente que excluye el sentido de lo simbólico, contrario al despliegue de las asociaciones, la cadena significante, la trasferencia, al Otro.

De ese grupo enjambre de Unos se extrae, se arranca al azar Uno que deviene entonces en su escritura, su fijación, letra del síntoma. De allí que el síntoma letra sea acontecimiento de cuerpo, por ende su fijeza y su resistencia, marca en el viviente de la falla de relación sexual. Posteriormente se produce un descifrado que permite al sujeto vivir una vida más apacible, es producto del trabajo del inconsciente cadena, lo que podemos observar en la siguiente frase del Seminario 21 “Los nombres del padre” o “Los no incautos yerran”, donde Lacan señala “el lenguaje es un efecto de lo siguiente: de que hay significante Uno. Pero el saber no es la misma cosa. El saber es la consecuencia de que hay otro. Con lo cual hacen dos, en apariencia (…) no forman cadena, aún cuando yo he dicho, en alguna parte, en mis plumiferajes, los primeros (…) Quizá en Función y Campo dije que formaban cadena. Es un error (…). Cuando se descifra, se embrolla (…). El Significante Uno. Aquél no da dos sino porque ustedes le agregan el descifrado”[16]. Recién en este tercer tiempo lógico se agrega la interpretación del inconsciente transferencial cuya función es homeostática. El descifrado fuerza la formación de la cadena agregando el S2 para interpretar el sin-sentido del S1, creando entonces la perla del síntoma, su recubrimiento de sentido al goce. Podemos escribirlo esquemáticamente de esta forma:

 

S1 – S1 – S1 – S1 – S1 – …          →            Icc enjambre de Unos

S1 + a                               →            extracción, fijación, letra de goce

S1 – S2                              →            Icc transferencial, descifrado

 

Hay los Unos sueltos, el enjambre de Unos. El trauma es al nivel del encuentro del sujeto con esos Unos de lalengua. La letra del síntoma es la fijación de S1 + a, producto de la extracción de ese conjunto abierto, de un S1 que queda fijado a la materia, es el síntoma-letra de goce, hueso del síntoma, grano de arena. Posteriormente entonces el inconsciente intérprete trabaja produciendo ficciones, es decir, formaciones de síntoma-metáfora, significaciones siempre delirantes respecto del trauma mítico, la no relación sexual.

 

Con lo expresado se ha pretendido dar cuenta por medio de un pequeño rastreo que la última conceptualización de “letra” en la obra de Lacan no está desde siempre, tampoco aparece simplemente en un momento de su obra, sino que más bien fue necesaria una elaboración que implicó mutación y construcción. Es posible suponer entonces que en el texto “La instancia de la letra…” Lacan estaba ya trabajando al menos intuitivamente el germen de lo que luego se constituiría como la letra de goce del síntoma.

 

Gimena Sozzi Uboldi

Bibliografía

-Bassols, Miquel (2014) “Fantasma y real en la clínica lacaniana”, en Última conversación Clínica de la SLP (Italia), disponible en internet a través de facebook del ICdeBA.

-Lacan, Jacques (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010.

-Lacan, Jacques (1971) “Lituratierra”, en Otros Escritos. Buenos Aires, Paidós, 2012.

-Lacan, Jacques (1973-1974) “Clase 11/12/73”, en El Seminario. Libro 21. Los nombres del Padre o Los no incautos yerran. Inédito.

-Lacan, Jacques (1974-1975) “Clase 21/1/75”, en El Seminario. Libro 22. RSI. Inédito.

-Miller, Jacques-Alain (2005) “La teoría del escabel”, en Piezas sueltas. Buenos Aires, Paidós, 2013.

-Schejtman, Fabián (2013) “Dos versiones del síntoma en la enseñanza de Lacan”, en Sinthome. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal. Buenos Aires, Grama, 2013.

 

 

 

[1]Miller, J (2005) “La teoría del escabel”, en Piezas sueltas. Buenos Aires, Paidós, 2013, pág. 84.

[2]En el presente escrito, tanto lo resaltado en negrita de las frases como lo que figura entre paréntesis en itálicas me corresponde.

[3]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 462.

[4]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 463.

[5]Bassols, M. (2014) “Fantasma y real en la clínica lacaniana”, en Última conversación Clínica de la SLP (Italia), disponible en internet a través de facebook del ICdeBA.

[6]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 469.

[7]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 476.

[8]Bassols, M. (2014) “Fantasma y real en la clínica lacaniana”, en Última conversación Clínica de la SLP (Italia), disponible en internet a través de facebook del ICdeBA.

[9]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 476.

[10]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 488.

[11]Lacan, J (1957) “La instancia de la letra en el inconsciente, o la razón desde Freud”, en Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pág. 494.

[12]Lacan, J. (1971) Seminario 19…O peor. Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 27.

[13]Lacan, J. (1971) Seminario 19…O peor. Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 26.

[14] Lacan, J. (1971) “Lituratierra”, en Otros Escritos. Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 22.

[15]Lacan, J. (1975) Seminario 22. RSI. Clase 21/1/75. Inédito.

[16]Lacan, J. (1973) Seminario 21. Los nombres del padre o Los no incautos yerran. Clase 18/12/73. Inédito.