“Las nuevas formas de la demanda”

Por Bernard Lecoeur

Partiré de una observación un poco amarga, incluso decepcionante, que es la siguiente: la demanda – quiero decir su concepto – ha perdido actualmente mucho de su atractivo para la teoría analítica. No es que su uso haya desaparecido, sino que es un concepto cuyo significado se da por sentado, incluso es admitido por todos, al punto de llegar a ser un término comodín.  Hace algunas décadas, la demanda tenía un éxito loco, estaba de moda; sobre todo, cuando iba acompañada de la necesidad y del deseo, según un matrimonio de tres inventado por Lacan.

Bernard Lecoeur, Psicoanalista. Autor del libro "El hombre ebrio"

Bernard Lecoeur, Psicoanalista. Autor del libro “El hombre ebrio”

En realidad, el desinterés que afecta a la demanda no corresponde a una desvalorización o a un desuso del concepto. Por el contrario, este fue singularmente complejizado y su expansión hizo que sea más difícil su comprensión. Una de las razones de esta aparente degradación es la irrupción de una semántica asociada al campo de la economía. En ese campo, la demanda se mide según la vara de los bienes del mercado, es la llamada ley de la oferta y la demanda, que la razón pretende formular. Esta pseudo ley supone la relación directa de dos acciones humanas esenciales: ofrecer y demandar. Esta relación sería susceptible de ser cuantificada permitiendo trasladarla a una apreciación cualitativa. Por ejemplo, los distintos niveles de demanda suponen permitir una evaluación de su “pobreza” o su de “riqueza”, de su “elasticidad”, por no hablar de su “fortaleza”.

Aquello que en una primera aproximación aparece como un agotamiento del concepto de demanda es en realidad un enriquecimiento, una diversificación, una complejización, por la sencilla razón de que el campo del discurso al cual ella se aplica ha cambiado profundamente. Por eso, es totalmente justificable que existan “nuevas formas de la demanda”, como se indica en el título de esta tarde de trabajo[i]

Antes de ofrecer algunas reflexiones sobre este tema, me gustaría recordar algunas generalidades.

 

Otra cosa

El gran mérito del psicoanálisis y, más especialmente, el que Lacan promueve, es pensar en la demanda desde un punto de vista tanto dinámico como estructural. La demanda es como una suerte de abanico, de fuelle, que puede ser desplegado o cerrado a voluntad. Ella testimonia todas las figuras del otro en tanto lugar al que se dirige, pero, y quizás sobre todo, reenvía a lo que Lacan llamó la “Otra cosa”.

Antes de ser ese movimiento que aspira a la obtención de un objeto cualquiera, la demanda clama, proclama, por no decir que aúlla. Pero es un aullido sin contenido, que indica “¡no se trata de eso!”; el estado en el que me encuentro, el objeto que me falta o del cual dispongo, ¡poco importa! ¡”no se trata de eso!” Demandar es, ante todo, partir de un veredicto inapelable lanzado sobre el orden del mundo por no estar en conformidad con mi  yo. Enunciar una demanda es, ante todo, rechazar. De ahí que puedan distinguirse la demanda y el deseo. Si este último queda capturado en un objeto que siempre se escapa y que el fantasma intenta localizar, la demanda parte de una posición subjetiva muy diferente: la de un rechazo auténtico, el cual no debe ser confundido con la insatisfacción o con lo imposible. Es un rechazo que se sostiene de Otra cosa que es su índice. ¿Qué es esa Otra cosa?  ¿A qué Otra cosa la reenvía?

Una primera respuesta consiste en decir que la demanda apunta a la obtención de un don. Pero, precisa Lacan, un don que no se agota en las coordenadas del objeto. Ante todo, la demanda apunta, a través del don, a la dimensión del acto. Un acto total, donde el que da se sumerge. Es la operación simbólica por excelencia, el modelo del don de amor.

Este primer acercamiento permite establecer una distinción preciosa para la clínica.

Puede haber un estancamiento, una eternización de la demanda en términos de don simbólico, un momento donde el sujeto viene a fijarse para permanecer fuera del tiempo. Silencio infinito de una demanda eterna. Otro uso de la función estructural de la demanda es poder trazar con ella el camino privilegiado de un llamado a los dones. En ese caso, la pluralidad se impone. La multiplicación del objeto deviene lo esencial de un llamado estridente y doloroso. Esta simple distinción permite tener en cuenta las “formas” de la demanda como dependientes de ciertas formas del lenguaje. En ese sentido, demandar comporta la aceptación de una prescripción que conduce al registro del otro y a su “código”[ii]. Esta observación, por elemental que parezca, concierne a las formas que pueden adoptar las demandas de análisis hoy y, más precisamente, a lo que en la actualidad se denomina demandas de curar. Debemos admitir que estas, tal cual son formuladas, no escapan a las formas adoptadas por el intercambio ligado al mercado.

¿A qué responde?

Retrocedamos al 16 de febrero de 1966. Lacan habla con un grupo de médicos del Hospital Salpêtrière, en Paris,[iii] sobre el lugar que el psicoanálisis podría ocupar en sus prácticas. Se dirige a ellos, pero también podría decirse que se dirige a nosotros, desde el momento que nosotros recibimos las quejas y los testimonios más diversos de aquellos que sufren. Resumiré lo que dice Lacan a los médicos, limitándome a dos puntos:

– La esencia del trabajo del médico consiste en tener una justa apreciación de la demanda que el paciente le dirige.

– La demanda no es eterna en su formulación, ella depende íntimamente no sólo del estado de la ciencia, sino también de la relación mantenida con la noción de “derecho” que introduce el individualismo caro a nuestras democracias.

“¿A qué debe responder el médico?”, interroga Lacan. “A algo que se llama la demanda”, es su respuesta. Destaquemos que para él no es un escándalo responder a la demanda. Esta formulación: “a algo que se llama la demanda” indica que la cosa en cuestión no es tan simple y evidente como parece. Ese “algo” no es sin evocar la “Otra cosa” de la que hablaba anteriormente. Y Lacan continua, notando que la posición del médico cambió desde que existe un nuevo derecho, el llamado “derecho a la salud”. Este, incluso va a ser impulsado desde una instancia internacional, la Organización Mundial de la Salud. Es lo que conduce a todos los potenciales pacientes a exigir un “ticket de beneficios”. Estamos en 1966, pero esta exigencia no dejará de aumentar en los años siguientes. La beneficencia, de la que el médico debe dar pruebas, hoy no es sólo el compromiso frente a la demanda, se vuelve el objeto de una exigencia propia de nuestra época. Podríamos decir que la exigencia se ha vuelto uno de nuestros ideales mayores. Este nuevo ideal proclama la ausencia de división y reivindica un reparto sin pérdida. A diferencia del sujeto, el individuo supuestamente puede satisfacer su deseo sin inconveniente, sin síntomas. Es la concepción corriente. Y el derecho a la salud hay que repensarlo a partir de una falta que bajo ningún título podría ser reconducido al sujeto, sino, antes bien, a lo que el individuo no recibió, porque no se le ha dado o no se le ha dado lo suficientemente. Si nada le falta al individuo, y sin embargo no tiene, esto no puede ser sino el resultado de una pérdida o de una carencia, de una expoliación, incluso de un robo.

En todo caso, no puede ser otra cosa que fruto de una injusticia. Sobre este punto se puede releer el provechoso artículo de Freud sobre las excepciones[iv].

 

La demanda en forma

Las formas de la demanda se ven modificadas profundamente en razón del lazo mantenido con el discurso. La forma parece haber suplantado el fondo; es decir, se ha minimizado la importancia que podría revestir el don simbólico. Hoy en día, las formas de despliegue de la demanda se distribuyen en una constelación de objetos que ocupan nuestras vidas, al mismo tiempo que se inspiran en los saberes más dispares. Es como si la función del don simbólico no llevase más la adhesión y se haya vuelto incapaz de suscitar la más mínima creencia. La plegaria, la súplica, a las que la demanda supo asemejarse, se han convertido en un catálogo de aspiraciones voluntarias sometidas al otro del derecho. Se produce, por lo tanto, una inversión de la incondicionalidad de la demanda.

En su inicio, la demanda es incondicional, aspira a lo que no tiene medida, a lo inconmensurable. Razón por la cual Freud insistió siempre sobre la importancia que debe darse a la compensación, la cual viene a acotar esta ausencia de medida. Esta es una de las funciones esenciales del pago en la cura. De ahí la pregunta: ¿cuál es la contrapartida de una demanda cuando la cura se realiza bajo un régimen gratuito, como se práctica en muchas instituciones de atención de la salud?

El proceso contemporáneo de inversión de la incondicionalidad, propia a las formas actuales de la demanda, lleva a adoptar una obligación, la de someterse a la reivindicación. El sujeto se debe reivindicar, la obligación no es sólo dirigida al otro, sino que, sobre todo, asedia al sujeto al punto de sojuzgarlo. Tal tiranía, en ocasiones puede llegar a ser la razón de una demanda de análisis, se convierte en una figura de lo real bajo la forma visible del ultimátum. ¿Cómo viene a plantearse un tal ultimátum?

He mencionado un elemento esencial a la demanda sobre el que es indispensable volver; me refiero al rechazo. La demanda no es solamente una llamada al don simbólico y al amor, exige también que se le oponga, precisa Lacan en “Las formaciones del inconsciente”[v], precisamente para ser sostenida como demanda. Esta observación introduce de manera decisiva el rechazo como registro ineludible de la demanda. En las circunstancias comentadas por Lacan a lo largo de este seminario, se trata del rechazo del otro para que el sujeto esté en posición de sostener la demanda, la que sea.

Mucho más tarde, en su seminario XIX “…o peor[vi]”, se trata del rechazo invocado por el sujeto que demanda. Te demando rechazar lo que te ofrezco, porque no se trata de eso. Volvemos a encontrar este enunciado “no se trata de eso”, que evoqué al principio de mi intervención.

El rechazo está en el centro de un ternario formado por la demanda y la oferta. A diferencia del primer trío: demanda / necesidad / deseo, desarrollado a partir del principio de separación, incluso de desgarro, el nuevo trío – demanda, rechazo y oferta – se construye sobre la solidaridad, sobre un anudamiento: ninguno de estos elementos va sin los otros dos. Esta última fórmula trinitaria evita caer en la trampa de la reciprocidad, la cual conduce inexorablemente a postular un universo de la demanda que sólo se alcanza a extraer al precio de colmar la falta pronunciada por la demanda. Por lo tanto, es necesario protegerse contra la idea según la cual la demanda sería unívoca; antes bien, ella es equívoca y compleja.

 

Te demando…

Te demando rechazar…, cierto, pero rechazar… ¿qué? Lo que te ofrezco, respondió. Se podría deducir de esta fórmula que el que demanda está condenado a anticipar siempre el rechazo. Y sin embargo, un rechazo puede esconder otra cosa: ante todo, la demanda es rechazo. Ella pone en juego lo que Lacan, retomando a Freud, llama la Versagung. En el seminario “La transferencia”, una observación inapelable indica hasta qué punto el analista sólo opera en el registro del rechazo del paciente, de la Versagung[vii]. ¿Por qué esto es así? Debido a que la negación es una primera forma del decir, la cual reposa sobre un cierto uso del significante. Este uso es también el que autoriza al sujeto a negarse. Esto no implica solamente una oposición a alguna cosa o un desacuerdo con alguien, es, ante todo, decir ¡no! Un no sin razón, sin causa, un no en absoluto. Esto es lo que plantea la demanda en su origen, implica decir ¡no! Y en primer lugar, está dirigida a uno mismo, es un no sin reciprocidad. Podemos decir que el “no se trata de eso” que cierra la demanda es, en realidad, un ¡nunca se trata de eso!

Traducción: Emiliano Medus

Revisión: Damasia Amadeo de Freda

Referencias bibliográficas:

[i] Jornada de Trabajo organizada por la UNSAM el 5 de septiembre de 2015 en Buenos Aires

[ii] Sigmund Freud. Obras completas. Volumen 14 (1914-1916).Amorrortu Editores. Bs.As., 1978. Traducción cotejada Alemán-Inglés por José L.Etcheverry

[iii] Lacan, J.: La place de la psychanalyse dans la médecine. Le Bloc-notes de la psychanalyse n° 7. Georg Editeur p.9-40

[iv] Freud. Quelques types de caractère dégagés par  le travail psychanalytiques. I Les exceptions. In L’inquiétante étrangeté et autres essais. Folio Essais.

[v] Lacan, J.: El Seminario. Libro V: Las formaciones del inconsciente,  Paidós, Buenos Aires, 1999.

[vi] Lacan, J.: El Seminario. Libro XIX: …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012. Clase del 9 / 02 / 72

[vii] Lacan, J.: El Seminario. Libro VIII: La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 2003.

Autor: Bernard Lecoeur