“Preámbulo a las instrucciones para constituir al sujeto”

 

En el presente ensayo, intentaré articular brevemente el concepto de alienación (la primera operación que menciona Lacan en su escrito Posición del inconsciente) con el texto de Julio Cortázar Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, para dar cuenta de la constitución del sujeto.

unnamedLa alienación tiene por efecto la causación de un sujeto, pero no de cualquier sujeto. El sujeto lacaniano está constituido con una carencia, una falta originaria. Esta conformación, bien lograda pero defectuosa, se debe a la alienación del sujeto a los significantes del Otro que lo preexisten, produciéndolo como falta en ser. En este sentido, Laznik y Lubián (2009) dirán que el significante que habilita la condición de producir al sujeto, es el significante como falta, como discontinuidad.

De aquí, la elección forzada entre “la bolsa o la vida”, ya que, entre la marca y el ser, el sujeto, para conformarse como tal, no puede no elegir la marca. La elección de uno de los dos términos implica inexorablemente la renuncia al otro. En palabras de Lacan (1962 [1984]), nos estamos refiriendo a si se quiere conservar la vida o rehusar la muerte. Esto derivará en la vida sin la bolsa y, por haber rehusado la muerte, en una vida incomodada por el precio de la libertad (Lacan, 1962 [1984]).

De esta forma, escogiendo el ser, el sujeto desaparece, se escapa, cayendo en el sin-sentido. Si optamos por el sentido, éste subsistirá cercenado de esa porción de sin-sentido, lo que constituye, en la realización del sujeto, el inconsciente (Lacan, 1964 [1987]).

Llegados a este punto, pareciera que para ganar debemos indefectiblemente perder algo. Es decir, de ese tesoro de significantes del cual nos servimos a modo de mesa para constituirnos como sujetos, no podemos retirarnos sin pagar nada. Produciéndose en el lugar del Otro, el significante habilita, del ser que no tiene, el surgimiento del sujeto, pero al precio de fijarlo. El sujeto es producido ahí, quedando atrapado en la estructura del significante. Así, “por nacer del significante, el sujeto nace dividido” por efecto del lenguaje. (Lacan, 1964 [1987]).

Ahora bien, este costo —pensarán los neuróticos—, claro que vale la pena, pero es interesante caer en la cuenta de la ilusión de la que somos parte. Aquí es donde el texto del gran cronopio, el cual, cuanto más leo más me sorprendo, hace su intrusión ejemplificando este —si me permite— chantaje. Necesario, sí, pero engaño al fin­. Dirá Cortázar (1962 [1995]) en Historia de cronopios y famas, más precisamente en la sección Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, lo siguiente:

“… Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj…”

Podemos pensar, forzando un poco este grandioso texto de Cortázar, que de ese tesoro de significantes, aquel ejemplar que nos es “regalado” trae consigo un engaño. Porque con la mejor publicidad promete una idea totalizadora, escondiendo que se trata de un costo esclavizante. Nos ofrece constituirnos completos, omitiendo en la letra chica una carencia determinante que, para nuestra fortuna como sujetos, no está contemplada en ninguna garantía de relojería ostentosa, ni siquiera de esas que tienen carteles luminosos con palabras escritas en cursiva o en otro idioma.

A modo de cierre, podemos decir que seremos sujetos aceptando la pérdida y los síntomas que ésta conlleva, de la misma manera en que podremos dar la hora si nos la piden, con el debido cuidado de no haber olvidado dar cuerda a nuestro reloj.

Lic. Mauro Nahuel Gross

Referencias bibliográficas

Cortázar, J. (1962). Historias de cronopios y de famas. Biblioteca Julio Cortázar. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., 1995.

Laznik, D. y Lubián, E. (2009). Separación y desamparo, en Memorias de las XVI Jornadas de Investigaciones, vol. XVI, Bs. As., Facultad de Psicología (UBA).

Lacan, J. (1962). Posición del inconsciente, en Escritos II, Bs. As., Siglo XXI Editores, 1984.

Lacan, J. (1964). Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, cap. XVI, Bs. As., Edit. Paidós, 1987.

Autor: Mauro Nahuel Gross